Palabra de Grok. Os alabamos, Señor
Los periodistas de la agencia Efe están disgustados con razón con Grok, porque dijo que un vídeo que acababan de colgar sobre un bombardeo en una escuela femenina de Irán era en realidad un clip antiguo filmado en Kabul. No fue el caso, pero el mal ya estaba hecho y la rectificación admitiendo el error no se viralizó mientras que la errónea verificación aún corre por los alegres campos de internet social inmoderado. Más aún: el escrito del comité profesional de Efe lamentando que un mono con escopeta como Grok –divertido y útil a ratos, pero peligroso– ha sido recibido por los clásicos perfiles de la banderita española y la bio gallarda con una avalancha de comentarios ofensivos o donde se recuerdan errores del servicio.
Ya estamos al final del camino. Nadie dice que los medios de comunicación sean perfectos. Pero los que son serios, y Efe lo es, tienen unas políticas claras con los errores: admitirlos sin rodeos y asegurarse de que no se propaguen más. En cambio, las redes sociales se encogen de hombros y dicen “cosas del algoritmo”, como si sus alucinaciones fueran inevitables e imposibles de mitigar. Si a esto le sumamos la caterva de iluminados que aunque les plantes la evidencia delante siguen empecinados en criticarte, ya tenemos el sistema cerrado perfecto por el cual se destruye toda posibilidad de construir un consenso social mínimo basado en la factualidad. Y eso Elon Musk y el resto de la tecnoligarquía, lo saben. Venden la idea del algoritmo autónomo y democrático cuando no es ni una cosa ni la otra: mala cosa, creer que puede ser árbitro de ninguna verdad teniendo en cuenta cómo se ha programado. Eso sí: es convincente y sabe enredar bien. Podría hacer suya aquella máxima de Chico Marx, a Sopa de ganso, cuando le espetaba a Margaret Dumond aquello de: “¿Y a quién creerá usted, a mí o a sus propios ojos?”. Cada vez, más parroquia está dispuesta a contestar: "A usted, Grok, a usted, faltaría más".