Pedro Sánchez toma impulso en 'La revuelta'
BarcelonaPedro Sánchez aspira a la mayoría absoluta y David Broncano quiere vocalizar mejor. Estos son los dos grandes anhelos expresados por los protagonistas de La revuelta. Es difícil decir cuál de los dos lo tiene más complicado. Sánchez se presentó con un look tejano, que es la nueva pana de los políticos de izquierdas. Broncano se colocó con sarcasmo el pin de una bandera española en la solapa “para que vean que esto va en serio”. Y en esencia, la hora y media de entrevista tuvo un trasfondo más serio de lo que aparentó a simple vista.
Broncano tuvo que esforzarse más de lo que lo hace habitualmente. Sánchez definió La revuelta como un programa de humor inteligente y no es para tanto. Pero sí que fue una de las emisiones que más lo pareció. Esta vez, Broncano consiguió lo que algunos periodistas intentan sin éxito: convertir la entrevista en una conversación. El presentador estableció un diálogo más allá del ejercicio de la pregunta y la respuesta. Fue una charla fluida entre bromas, intercambios de opinión y observaciones críticas. El humor de las preguntas directas obligaba a una respuesta concreta: “¿Cuál es el expresidente que te cae peor y por qué es Felipe González?”. Sánchez no lo negó. “¿Qué medidas has aprobado que también beneficien a la gente que no te ha votado?”, le preguntó. La claque incondicional del público entorpecía el ritmo de la conversación, pero los aplausos también se activaron cuando Broncano pinchó al presidente preguntándole por las crisis de Ceuta y de la vivienda desde una perspectiva crítica.
La revuelta promovió una atmósfera más simpática e ingeniosa que complaciente. Y en ningún caso Broncano se quiso disfrazar de periodista como suele hacer Pablo Motos en estas ocasiones. Pero fue mucho más efectivo. Pedro Sánchez encajó con deportividad las bromas más ácidas y se anticipó lamentando la corrupción de Ábalos. Sobrevivió con naturalidad a las preguntas incómodas del dinero y el sexo. Nadie gestiona como él la cara de póquer. Siempre es ágil en las respuestas y tiene una habilidad insólita para endosar el mitin a cualquier pregunta. Recordando la deshumanización que ha sufrido por parte de la derecha apuntó: “Ellos se acuerdan de mi madre y yo me acuerdo de las suyas cuando subo las pensiones”. Reticente al rol de Rufián con ERC, Sánchez confesó que cuando visita hoteles del Pirineo catalán, hay clientes que le dicen: “¡Si no fuéramos independentistas, te votaríamos!”
Cuando la política se filtra en el entretenimiento moldea las percepciones a través de las emociones. Y Pedro Sánchez lo jugó a la perfección. La revuelta tiene el sambenito de ser la imposición televisiva del partido socialista. El jueves potenciaron la broma: “Si gano, te renuevo el programa cuatro años más”, le garantizó Sánchez a Broncano. PP y Vox no quieren visitar a Broncano. “Como saben que nos sacrificarán, no nos quieren coger cariño”, dijo el presentador. Y en parte, tiene razón. Pero si los candidatos no van, se equivocan. Ni Pedro Sánchez conseguirá la mayoría absoluta ni Broncano vocalizará. Pero en La revuelta, todo el mundo parece un poco mejor.