Los periodistas: de enemigos del pueblo a traidores
La escalada militarista de Trump tiene una traducción también en su (magra) consideración de la prensa independiente. Recordemos que uno de sus leitmotivs durante la primera legislatura de su loco mandato fue repetir una y otra vez que los periodistas eran enemigos del pueblo. Era una irresponsabilidad, porque los criminalizaba a ojos de la caterva MAGA, pero este epíteto digno de Ibsen no tenía ninguna derivada legal. Ahora, sin embargo, el presidente americano da un paso más y esta semana, en una de sus erráticas evacuaciones verbales, sugería que los medios de comunicación podían enfrentarse a cargos por traición si considera que esparcen información falsa y, por tanto, ayudan a los enemigos de los Estados Unidos. Todo esto pasa mientras el Pentágono ha iniciado una maniobra para aumentar su opacidad e impedir que la prensa pueda pasarle cuentas.
Pasar de enemigos a traidores no es solo una cuestión de temperatura semántica, por las implicaciones judiciales que puede comportar. E incluso Pete Hegseth, que antes de ser secretario de Defensa –y rebautizar el cargo como “secretario de la Guerra”– hacía de presentador de Fox News, ahora pide titulares más patrióticos y expresa abiertamente el deseo de que la CNN cambie la línea editorial, aprovechando que la ha comprado un aliado de Trump. El responsable del organismo que regula las licencias televisivas también ha proferido amenazas contra los canales rebeldes. El periodismo merece una seguridad jurídica suficiente para no tener que sufrir de si se enfrenta a la actitud fanfarrona de un bocazas o a algo más. Y no augura nada bueno que el lenguaje del presidente americano cada vez asuma más la semiótica de los regímenes autoritarios. Lo cual, por el efecto contagioso que tiene todo lo que pasa en los Estados Unidos, acabará llegando aquí de alguna manera u otra. Malos tiempos para la lírica, y para la prosa.