Los proscritos de ‘El País’ y la amnesia
La celebración de medio siglo del diario El País ha evidenciado la herida profunda entre parte de los fundadores, que se sintieron ninguneados por no haber sido invitados al acto oficial conmemorativo. No hay que preocuparse: se resarcieron con una comida regada con vino y resentimiento, y han escrito sobre el asunto. Juan Luis Cebrián, director fundador y exconsejero delegado de Prisa, firma la pieza más interesante, escupiendo contra su sucesor en la empresa, Joseph Oughourlian, a quien tildaba de financiero buitre de nula talla intelectual, y recordando periodistas “cancelados” como Fernando Savater, Félix de Azúa, Francesc de Carreras o Antonio Caño. Aparte de él mismo, claro: nunca fue la modestia la principal virtud cebrianesca.
El insigne periodista reconvertido en gestor puede hacer grandes aspavientos señalando la influencia de Zapatero, mientras obvia mencionar en su misil escrito a The Objective a un tal Felipe González, de quien cuentan las leyendas que alguna influencia tuvo, en el diario. También puede narrar un imaginario Xanadú de libertad que respetaba el pluralismo de pensamiento. Pero quizás junto a su nómina de represaliados podría haber incluido, por ejemplo, el nombre de John Carlin, despedido cuando él presidía el rotativo por haber osado escribir una columna que se apartaba de la férrea línea editorial impuesta por El País en tiempos del Procés. Lo echaron, y eso que ni siquiera era independentista. O cuando, en el año 2009, Enric González escribió “Cualquier día, en cualquier empresa, rebajarán el sueldo a los obreros para financiar la ludopatía bursátil de los amos” y le censuraron la columna porque alguien se sintió aludido. Tiene razón la vieja guardia en que la historia de El País no puede obviar figuras que hoy le resultan incómodas como Fernando Savater, Arcadi Espada o Hermann Tertsch. Pero la nostalgia que profesan les ha enturbiado los recuerdos muy selectivamente.