Puigdemont, Basté y la última postal del exilio

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Plano secuencia.
16/10/2026 - 18:35 h
Periodista y crítica de televisión

La temporada pasada, en el Pla seqüència de La 2 Cat, Jordi Basté entrevistó a Salvador Illa nada más volver de su baja por enfermedad. Esta vez, el periodista ha abierto la temporada visitando a Carles Puigdemont en Waterloo justo antes de volver a Cataluña. Sin duda, tiene el don de la oportunidad. “¿De tú o de usted?”, le consultó el presentador nada más abrir la puerta. No tuvo más remedio que responder “de tú”. Contestar “de usted” parecería un síntoma de altivez. Pero en contextos periodísticos, tanto con presidentes como con cargos oficiales, el usted debería ser una fórmula incuestionable. Por más personal que quieras que sea la entrevista, lo que lleva al periodista hasta allí es la figura institucional. Puigdemont abrió la puerta con traje de sastre, corbata, camisa de cuello rígido y la insignia en la solapa. Y dejó muy claro que aquel vestuario se había convertido en un elemento simbólico importante para él, para mantener la solemnidad de la institución que representaba, a pesar de estar en el exilio. Incluso previendo una posible detención, aquella indumentaria preservaba la dignidad de su cargo. Por más personal o informal que fuera la entrevista, y aunque conversaran en la cocina, perder el usted es un síntoma más de cómo se desvirtúan los valores: el decoro es una forma de reconocer también la importancia de lo que se está haciendo. El tuteo no implica en ningún caso la pérdida de respeto, pero el usted respeta esa conciencia institucional que Puigdemont parecía no querer perder ni en aquella ocasión. Aunque Basté prioriza siempre el hecho de mostrar a la audiencia el nivel de confianza con el invitado, el uso del usted no debería afectar a la proximidad en el trato.

Basté señaló a Puigdemont que no era una entrevista política sino más personal, alrededor de los nueve años de exilio. Se lo decía al invitado, pero en realidad se estaba justificando con la audiencia. Más allá de que en este caso es difícil establecer la línea entre lo que es político y lo que es personal, Basté estaba anunciando una renuncia antes de empezar. Es una estrategia preventiva de cara a las expectativas de los espectadores, pero limita lo que pueda surgir durante la conversación. Basté, al inicio, hizo la pregunta que tocaba: “¿Todo esto quién lo paga?” La prueba de que la entrevista no puede evitar ser política.

Con todo, esta ha sido, sin duda, la emisión más interesante de todas las que ha hecho hasta ahora. Se desplazó hasta la residencia de Waterloo y el plano secuencia justificaba y satisfacía este efecto cotilla que el público puede sentir por la Casa de la República. Además, ha sido de las veces que la cámara ha priorizado al invitado, entendiendo que el periodista no es el protagonista. La conversación fue interesante y solo flaqueó en el tramo final de la estación, cuando Puigdemont tomó un poco el control del discurso. En cambio, el recorrido de la coreografía fue acertadísimo para la poética final. Basté volvía a Cataluña y Puigdemont se quedaba en el andén diciendo adiós. La última postal televisiva del exilio.

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