Salvador Illa, jefe de programas de TV3
El lunes, Salvador Illa hizo un tuit en la red X para protestar contra el enfoque del programa Vèrtex por haber dado voz a los antivacunas y exigiendo responsabilidad por no poner en riesgo la salud pública. El día anterior, Ramon Pellicer había introducido el debate sobre la vacunación con un planteamiento muy frágil: “Esta semana ha comenzado la campaña de vacunación de la gripe y la covid y nosotros hemos querido fijarnos en la otra cara de esta realidad: la de las personas que desconfían de las vacunas”. El programa convierte una posición minoritaria en contrapartida a la campaña de vacunación, avalada con el cliché periodístico de “la otra cara de la realidad”. Esta otra cara quizá no justifica tanta atención. En cualquier caso, el vídeo del matrimonio antivacunas que entrevistaron no duraba más de tres minutos y utilizaban argumentos muy vagos. El hombre dijo que para él era más importante la sonrisa y los abrazos para mantener una buena salud. Ni se les presentaba como expertos ni utilizaban un discurso falsamente científico. El programa, a continuación, dedicó cuatro veces más tiempo, doce minutos, a rebatir los argumentos de los antivacunas con dos profesionales expertas: Gemma Moncunill, investigadora líder del Grupo del Caixa Research Institute, y Judit Vall, Catedrática de Economía Aplicada de la UB, para aclarar los aspectos vinculados a los intereses de las farmacéuticas. Ambas insistieron en los beneficios de las vacunas y Moncunill subrayó que era recomendable ponerse “todas las vacunas recomendadas por la Generalitat”. Un redactor aportó datos estadísticos que consolidaban sus explicaciones, incluyendo cifras sobre las vidas que salvan las vacunas.
Vèrtex no dio el dato del porcentaje de población sin vacunar y si está incidiendo negativamente en la salud pública de Cataluña. No hacerlo puede crear la falsa alarma de que la falta de vacunación es, ahora mismo, un problema. Y si no es un problema, quizá es que no hace falta dar voz a los antivacunas.
Vèrtex patinó porque periodísticamente es débil. Le falta criterio editorial. Tiene buenos invitados, pero está más preocupado por la apariencia informativa que por el criterio editorial. A pesar de todo, los antivacunas no salieron bien parados y la ciencia se impuso. Salvador Illa no tiene por qué escandalizarse y solo hace falta que confíe en el espíritu crítico de los espectadores que vieron el programa.
Lo que quizás es más delicado es el comentario sin filtros del presidente Illa. ¿Hasta qué punto es conveniente que el presidente de la Generalitat fiscalice las decisiones editoriales de un informativo? Ejerciendo de jefe de programas, ha creado un precedente y ahora habrá que establecer cuándo intervendrá y cuándo callará ante los futuros contenidos, propósitos y despropósitos de TV3. A partir de ahora, incluso su silencio tendrá una interpretación. Por otra parte, un gobierno que reclama responsabilidad a la televisión pública deberá ser excelso a la hora de garantizar su independencia.