¿La solución de la AP-7 depende de nosotros?
El domingo, el 30 Minuts hacía un diagnóstico de la situación de la AP-7. El título, AP-7, al límite, se quedaba corto a la hora de definir cómo se ha transformado la experiencia de circular por ella desde que la vía es gratuita. Como dicen con sarcasmo en el Versió RAC1 de Toni Clapés, conducir por ella se ha convertido en una experiencia propia de la película Mad Max. Ya era hora de que el periodismo prestara atención de manera específica a esta autopista, porque no se está denunciando como es debido la degeneración que sufre más allá de ir explicando los atascos y los accidentes que se producen día sí, día también. Estamos normalizando un desastre. El 30 Minuts advertía que el ministerio no había querido participar en el reportaje, un hecho que delata la desatención que recibe la AP-7 y las incomodidades que provoca la falta de inversión.
El reportaje abordaba los problemas más importantes de la AP-7 y estaba muy bien hacerlo desde la experiencia de los usuarios: desde los turismos, pasando por los grandes camiones y las empresas de transportes, hasta los servicios de emergencia. Ahora bien, la duración del formato obligaba a una condensación de los temas y, por lo tanto, a un análisis excesivamente superficial. La precariedad de alguna señalización, la inseguridad en las estaciones de servicio y con algunas mafias, el mal estado del asfalto y los conductores temerarios merecían un poco más de tiempo. La idea da para una serie documental, no solo para profundizar en ella sino también para transmitir la complejidad de este ecosistema de asfalto. Además, en cuanto a imagen, la autopista permite mucho más juego, no solo a través de la experiencia subjetiva de los conductores, sino también a partir de todo el material visual que se genera a lo largo del recorrido: cámaras de control, vigilancia del helicóptero, imágenes de los radares, vídeos captados por los usuarios con el móvil y nuevos sistemas de grabación de los vehículos. Estaban muy bien las secuencias en las que el 30 Minuts repasaba algunos tramos de la AP-7 a pie, para explicar con detenimiento los despropósitos de la vía que ponen en peligro a los usuarios. Grabar una autopista es un ejercicio difícil porque la velocidad de la vía y los riesgos inherentes dificultan la posibilidad de señalar con precisión los detalles. A los responsables, eso ya les va bien.
Había un aspecto que llamaba la atención: el papel de Ramon Lamiel, director del Servei Català de Trànsit. En todas sus intervenciones tenía una actitud a la defensiva y no había ni un ápice de autocrítica ni de admisión de los problemas de la AP-7 ni de su degradación. Eso sí, en la pausa de publicidad, en una de aquellas casualidades cargadas de cinismo, nos volvían a endosar otro de aquellos anuncios de la entidad donde nos enseñan agentes de los mossos comunicando la muerte de una hija a una pobre mujer y recordándonos que en la carretera hay que ser "responsables", como si todo dependiera de nuestra voluntad.