Susanna Griso y Maricarmen Abascal, las dos caras de la misma moneda

2 min
Fotograma del programa 'Espejo público' de este miércoles
01/10/2026 - 19:56 h
Periodista y crítica de televisión

Miércoles, en Espejo público, Susanna Griso anunciaba la entrevista con el dueño del piso de Maricarmen, la mujer de Madrid desahuciada que se ha convertido en símbolo de la crisis de la vivienda en España. Al final, el hombre solo era uno de los nietos del primer propietario del edificio, pero como había sido vecino de la mujer, querían que revelara otras debilidades domésticas. “La tuvimos subvencionada y nunca agradeció que mis tías la mantuviesen en la vivienda”, decía el titular en pantalla. El hombre explicó que mientras compartieron rellano y él iba arriba y abajo con sus hijos pequeños, Maricarmen no fue una persona amable: “Como vecina fue una mala vecina. [...] Protestas continuas de si no estaba disponible el ascensor. Las quejas eran constantes y continuas”. Estas declaraciones pasaron a ser rotuladas en pantalla con una dosis de creatividad y exageración alarmantes. En la parte inferior de la televisión apareció escrito: “Maricarmen era insoportable, retorcida. Le molestaban los niños, el ruido, la calefacción, todo”. A grandes rasgos. En este punto, Susanna Griso intervino con su sagacidad habitual y se puso a hacer de detective a ver qué otras miserias podía descubrir de la protagonista: “Más allá de lo que dices de que Maricarmen era una persona un poco intolerante con los ruidos o con los problemas de la comunidad, a mi me interesaría conocer sus circunstancias personales porque he oído de todo, que si era pensionista, que si se ganaba muy bien la vida, que no ahorró... que tenía la suerte de tener el alquiler barato y a eso se abonó”. El hombre no pudo entrar en ese nivel de detalle pero aclaró que los inquilinos de renta antigua eran los padres de Maricarmen, que ella se marchó un tiempo a vivir con algún tipo de pareja, como si eso fuera un aspecto sospechoso a tener en cuenta y que, al final, “volvió al refugio de los padres, que eran los inquilinos y ella se atrincheró en el piso”.

El juicio televisivo contra Maricarmen ponía el foco en aspectos personales. Como, interesadamente, algunos medios han simplificado esta crisis de la vivienda en una lucha entre buenas personas (inquilinos) y malas personas (propietarios), el maniqueísmo periodístico de Espejo público lo aprovechaba para invertir el relato, y convertir el símbolo de las inquilinas en una mujer malvada que ni siquiera soportaba a las criaturas. Como si el derecho a una vivienda dependiera de la simpatía o bondad de los que tienen que vivir en ella.

En el mismo programa, Griso lamentó que a ella (¡imagínate!) le había costado cuatro meses encontrar un piso de alquiler en Barcelona. Como si Griso, modelo acreditada de excelencia, fuera la prueba de las dificultades para encontrar una vivienda digna en la ciudad. La televisión está convirtiendo un problema estructural en un juicio de personalidades sobre quién merece y quién no un piso donde vivir.

stats