Villarejo dinamita las mañanas televisivas
Lunes por la mañana, cuando arrancaba el juicio por el caso Kitchen, los periodistas que estaban delante de la audiencia nacional acosaban a algunos de los imputados. El único que se les puso bien fue el comisario José Manuel Villarejo, que, con la gorra y las gafas de sol que le caracterizan, tenía ganas de hacer hervir la olla mediática. El personaje se encarga de tensar el ambiente porque siempre se mueve mejor en contextos crispados. En medio del enjambre de micrófonos, la periodista de Mañaneros 360 le hizo una pregunta y especificó que era para el programa de Javier Ruiz de Televisión Española. El nombre del presentador provocó una reacción inmediata del comisario: “¡Ah! ¡Don Javierito!”, exclamó con sarcasmo. “Dígale a Don Javierito que a mí no me contrató el PP, como él dice. Esto es mentira. Además, Javierito, con lo buenos amigos que hemos sido en el pasado... ¡Parece mentira!” Javier Ruiz, alarmado, interrumpió la conexión y, aunque Villarejo no lo podía oír, quiso aclarar la metedura de pata: “¡No! ¡No! ¡No! ¡No, comisario! No vamos a tener un diálogo en directo, pero buenos amigos usted y yo... ¡Ni nos conocemos! ¡Nunca en la vida! ¡Usted es amigo de otros presentadores! ¡Se está equivocando usted! Usted intentó contactar conmigo, lo hizo a través del teléfono móvil cuando contamos una información sobre usted. Y no nos hemos tomado ni un café. ¡No nos hemos visto en la vida!”Villarejo, como si le hubieran avisado de la respuesta, insistió: “Si dice que no nos conocemos... ¡Qué mala memoria tiene Javierito, eh! ¡Estaba preocupado porque le hacía la competencia a Ferreras a la misma hora!” Dio a entender que, en el pasado, Ruiz se habría molestado por la proximidad del comisario con Antonio García Ferreras de La Sexta, y él, que entonces tenía el programa en Cuatro, también quería sus exclusivas. Javier Ruiz, intranquilo, volvió a desmentirlo. “¡Absolutamente falso! ¡Miente, Villarejo! ¡Jamás hemos tenido esta conversación! ¡Es un embustero!” Insistió en que todo el mundo sabía para qué periodista trabajaba: “Somos conscientes de a quién le pasaba información y quién se la compraba sin chequearla, por muy burda que fuera”.La palabra de uno contra la del otro y el misterio para la audiencia. Villarejo es capaz de dinamitar cualquier contexto. Era imposible aclarar quién decía la verdad, pero vale la pena analizar la estrategia del comisario. Se desvió del periodismo para pasar a la confrontación personal. Como no tenía el control de la situación informativa, pasó a dominar el marco televisivo. Provocó al periodista desautorizándolo públicamente. Villarejo es consciente de que insinuar complicidades es hacer perder credibilidad al periodista. El mismo comisario incorporó el nombre de Ferreras en la discusión porque así podía poner toda la estructura mediática bajo sospecha. Puso en evidencia las cloacas del periodismo para sobrevivir él.