El bolsillo

Se acabó el ahorro por el Black Friday

Andrei Boar analiza el diferente uso del crédito para las compras del Black Friday en España y EE.UU.

BarcelonaEsta semana hemos vivido días claves del consumismo: el Black Friday, seguido de otros como el Cyber Monday, todos ellos originarios del mundo anglosajón. Justamente en Estados Unidos este año se han batido todos los récords y es que en un solo día se han gastado 9.800 millones de dólares en compras realizadas por internet. Pero efectuar las compras no significa pagarlas, ya que las opciones de pago aplazado se han disparado un 72%.

En cambio, en nuestro país, la realidad es absolutamente la contraria: se han vendido menos cantidad de productos y sólo se ha mantenido la facturación de 2022 por el efecto inflación en los precios. Qué quiere que le diga: también es cierto que muchas personas esperábamos descuentos en productos que han subido de precio los días anteriores, para tener el precio original una vez rebajados.

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Esa diferencia en el comportamiento tiene una explicación económica. La realidad del consumo en ambos países es muy distinta y tiene que ver con la cultura del ahorro. Tanto en Europa como en EE.UU. se hace frente al aumento de la inflación y la subida de tipos con el ahorro que se ha acumulado en los últimos años. Durante la pandemia, el ahorro de las familias alcanzaba el 12% del PIB y hoy, por el contrario, estamos por debajo del 4%. Además, hay un hecho destacado: el uso del pago aplazado, que tanto predomina en el mundo anglosajón, y al que en Europa todavía somos reacios. Es normal que el ahorro se desplome si requerimos crédito (gastar más de lo que tenemos) para realizar nuestras compras.

Por el contrario, en el Black Friday en nuestro país, el consumo se ha frenado porque no hemos tirado de crédito y el ahorro está llegando a su fin. Lo positivo de esta responsabilidad en el consumo es que no tendremos sorpresas a futuro. Utilizar la tarjeta de crédito va muy bien a corto plazo, hasta que llega el momento de pagar las cuotas correspondientes cuyos intereses siempre son más elevados que los préstamos tradicionales.