El coche volador de Tesla y las cortinas de humo de Elon Musk
Analizamos el impacto real de la propuesta disruptiva e innovadora de Tesla en el marco de la estrategia empresarial del magnate Elon Musk
BarcelonaLa semana pasada Tesla dejó al mundo de la automoción con un palmo de narices durante la presentación (con nueve años de retraso) del Tesla Roadster. Un roadster es, por definición, un coche de dos plazas, ligero y deportivo, una tipología de vehículo bastante alejada del coche que presentó Tesla. Pero dejando a un lado esta puntualización, el paso de los días y la evolución de los acontecimientos han dejado claro que la presentación del primer coche volador ha sido una gran cortina de humo que quiere desviar la atención del público de lo que es realmente importante: Tesla gana dinero (menos del que Musk querría) mientras que SpaceX, no. Y el plan de Musk para solucionar este embrollo es plantear la fusión de las dos empresas en una sola.
Un invento llamativo, pero inútil
El nuevo Tesla Roadster ha sido una cortina de humo magistral, con el objetivo de atraer la atención del gran público y posicionar a Tesla en el pináculo de la innovación y mejora automovilística a escala mundial. Nada más lejos de la realidad.
La idea de los coches voladores puede parecer muy futurista o distópica, pero ya hace años que existen drones capaces de levantar a una persona, e incluso más años que se inventaron los helicópteros. La gran novedad del Roadster de Tesla es su sistema de propulsión desarrollado con SpaceX, una innovación que conlleva muchos problemas a los cuales no sabe (o no puede) dar respuesta.
Los propulsores de gas y los ventiladores que succionan aire bajo el vehículo para generar carga aerodinámica son una solución técnica con poca utilidad en el mundo real. Pueden lanzar disparadas las piedras, el polvo, la arena, las hojas o la suciedad de las calles y carreteras hacia el resto de vehículos o peatones, o incluso hacia el mismo vehículo. A estas alturas, cuesta imaginar un Tesla Roadster activando su sistema volador en la puerta de una escuela y generando un flujo de aire que haga salir disparadas ramas, piedras o suciedad sobre la cabeza de los niños y niñas.
Por otro lado, para poder elevar un vehículo y volar hace falta disponer de una licencia específica de piloto, así como superar estrictos controles de homologación del vehículo y las autorizaciones pertinentes. Este trámite administrativo y burocrático no es fácil de resolver en Europa y en los Estados Unidos; de hecho, hay decenas de empresas que intentan certificar y homologar drones con capacidad para transportar personas, de momento sin éxito.
Una posible fusión para remontar el valor de las acciones
Llegados a este punto, podemos concluir que el coche volador de Tesla es, en realidad, una operación de propaganda que preparaba el camino para el gran anuncio de Elon Musk de este fin de semana pasado: una posible fusión entre Tesla y SpaceX.
Los mercados bursátiles han recibido con alegría y optimismo el anuncio de Musk, con una revalorización de las acciones de Tesla del 5,21% durante el día de ayer y una previsión de crecimiento que superaría el 20% del valor de las acciones del viernes pasado, según apuntan los analistas de Barclays.
Conviene recordar que el empresario de origen sudafricano afirmó que la fusión entre Tesla y SpaceX “podría ser una buena idea” y que supondría “muchas ventajas”, a la vez que anunciaba la creación de un comité para “estudiar la viabilidad de una fusión”. Musk en ningún caso afirmó que la operación de fusión se tuviera que producir, ni presentó un calendario con actuaciones e indicadores de evaluación.
En definitiva, estamos ante otro golpe de teatro magistral de Elon Musk, un genio a la hora de prometer y convencer a los inversores para aumentar su fortuna personal mientras, conviene recordarlo, el Roadster sigue sin una fecha de lanzamiento definitiva con un retraso de nueve años. Dicho de otra manera, hace nueve años una serie de clientes realizaron un pago para reservar un coche que finalmente no será un roadster o descapotable cupé ligero, y que se ha ido transformando en función de los intereses empresariales y la fluctuación bursátil de las empresas de Elon Musk.