Los antivacunas
El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, ha reprendido a Ramon Pellicer por haber dado voz a los antivacunas en su programa Vèrtex. Es el dilema de siempre. ¿Se da voz a alguien que claramente tiene un posicionamiento lesivo (desde el punto de vista de la coherencia)? ¿Se hace cordón sanitario a los que demuestran o sospechamos que tienen conductas o pensamientos antidemocráticos, peligrosos o que atentan contra los derechos humanos?
Naturalmente, dependiendo del envase. Puede ser interesante un documental sobre un asesino en serie donde él explique, desde la prisión, cómo descuartizaba a las víctimas, pero nos parecería moralmente reprobable que se le sentara en un plató. Los antivacunas no son asesinos en serie (aparentemente). Tienen un pensamiento que puede ser insolidario con la población y lesivo para las personas menores que dependen de ellos. Recuerdo vívidamente cuando Teresa Forcades hacía campaña antivacunas. Murieron, por aquella época, unos niños que no habían sido vacunados. Entonces todo cambió.
Pero si no entrevistamos a antivacunas, ¿entrevistamos, en cambio, a personas que creen en Dios y se flagelan? ¿Entrevistamos, como hicimos, a esta chica que se quería suicidar y lo acabó haciendo a pesar de la oposición, claro, del padre? ¿Entrevistamos a proxenetas y vendedores de droga? ¿Entrevistamos a terraplanistas, aunque no hagan daño a nadie?
Conozco a antivacunas con quienes me pongo de acuerdo, en cambio, en muchas otras cosas. La pregunta que siempre tengo para los antivacunas es la siguiente –de manera que estoy diciendo que me gustaría que se la hicieran en la televisión–: ¿cómo es que no vacunáis a vuestros hijos, pero, en cambio, invariablemente, sí que vacunáis a vuestros gatos y perros?