Ayuso, el 'Guernica' y la universalidad
Aunque a Ayuso se le entiende todo cuando habla, esta vez su nueva creación –“la cultura es universal”– sí que necesita traducción. Lo que está diciendo es que solo Madrid es universal y, por eso, el Guernica no puede ir cedido nueve meses al País Vasco, tal como ha pedido el gobierno vasco para conmemorar el 90 aniversario del bombardeo de la aviación de Hitler, aliado de Franco, sobre población civil. Con la frase entera queda más claro: “Me parece que es cateto, y pienso que la cultura es universal”.
Quizás el lector pueda pensar (y no se equivocará) que si la cultura es universal tanto da Madrid como Bilbao, pero entonces hay que ir a lo básico (valga la redundancia) del pensamiento político de Ayuso del 2020: “Madrid es España dentro de España”. Ahora ha triplicado la apuesta, porque Madrid es el universo dentro del universo. No sé qué se les ha perdido a los astronautas del Artemis II en la cara oculta de la Luna pudiendo viajar al centro del universo, bajar un rato a tomar unas cañas en libertad y volver hacia la nave espacial.
Que el Guernica llegara a Madrid en 1981 fue una operación de Estado, porque era la prueba del algodón de que España ya era una democracia, condición que había puesto el pintor para el retorno de la obra. Picasso, antifranquista como Pau Casals, murió en el exilio.
Ironías del destino. La defensora de la universalidad de una obra que denuncia los crímenes del fascismo es hija sociológica del franquismo y portavoz de la expresión más agresiva y nacionalista de la política española. Y el Guernica, obra de un republicano, está en el Reina Sofía, pareja de un rey puesto a dedo por Franco, cuyo hijo continúa reinando. Y allí que continúan ambos: el Guernica y el monarca, en el centro del universo. ¿O quizás el gobierno español más progresista de la historia se atreverá a autorizar la cesión temporal de la pintura? Tendría todo el sentido.