El Barça, Messi y Darth Vader
El Barça de mañana es como el estudiante que va a un examen habiendo estudiado. Mejor aún: va al examen habiendo entendido de qué va la asignatura y la domina. Por eso espero el partido con toda la ilusión que me da toda la tranquilidad posible. El Barça ha empezado la temporada haciendo las cosas muy bien y el Madrid, no, y a la clasificación me remito: pleno de victorias y una media de más de cuatro goles a favor por partido. Y no es de ahora. Ya hace dos años que el Barça es el campeón de la Liga.
Pero es mucho más que una cuestión de resultados: la calidad del juego no tiene nada que ver. La alegría y la honestidad que transmite el juego del Barça, tampoco. El material del que está hecho, con mucho jugador de La Masia, aumenta el orgullo. Mientras tanto, ¿qué tenemos, al otro lado? Ruido. A falta de fútbol, una nube molesta alimentada por Florentino, Mourinho y la TV del club, aquel canal que cuando el femenino del Barça golea al del Madrid no da el resultado.
El Madrid llegará mañana a Barcelona marcando el paso a los acordes de la Marcha Imperial de La guerra de las galaxias. Es el papel que ha elegido en el reparto de protagonistas. Todo son sospechas, conspiraciones y dedos que señalan el camino de la crispación.
Es pesado, pero no me quejo. De hecho, me parece refrescante ver a una institución española considerándose víctima de una institución catalana ante la cual pierde más de lo que gana. Es como esto de ayer del premio que recibió Messi en Oviedo: oías los honores y parecía que no le hubieran hecho futbolista ni persona en ningún club. Se aprovechan de su tirada popular y son incapaces de decir que está hecho en el Barça.
El partido de mañana solo tiene una pega: los precios imposibles de las entradas para un socio que no sea abonado. En eso sí que el Barça no ha hecho las cosas bien.