Bebés maltratados: ¿protocolos o trabajo en red?

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Las agresiones son la principal causa de intervención.
25/10/2026 - 21:01 h
Psicóloga social. Codirectora G360

La noticia de tres bebés hospitalizados por malos tratos graves ha saltado a los medios de comunicación en los últimos días. Se dice que “los protocolos han fallado” y yo me pregunto si la ciudadanía entiende qué significa esta expresión ante situaciones tan graves que sin duda nos golpean. Los protocolos son una de las herramientas principales de las cuales nos hemos dotado los profesionales de los ámbitos de la atención a las personas –salud, educación, atención social, violencias machistas, diversidad funcional, y tantos otros– para tratar de ordenar la atención y –supuestamente– saber qué tiene que hacer cada uno ante situaciones graves, diversas y altamente complejas. Los protocolos no se activan ni fallan como quien pulsa un botón en una línea de montaje donde hay trabajo en cadena. Pero a menudo suena así; y no solo para la población, sino también para los mismos profesionales que están implicados.

Desde hace más de 30 años he visto avanzar y retroceder en protocolos, he visto y he participado en construir nuevos y también revisar antiguos; para atender la violencia hacia la infancia (no hacen falta eufemismos, es directamente violencia, no maltrato) y por violencias hacia las mujeres, por riesgo de suicidio y tantos otros. Pero desgraciadamente también he constatado que el trabajo de construcción de protocolos no sustituye nunca el conocimiento profundo sobre qué les pasa a las personas y lo que puede operar en el seno de las familias. Desgraciadamente, tenemos unos sistemas de atención a la ciudadanía fragmentados, que responden a una lógica de una supuesta especialización profesional y que demasiadas veces no permiten ver el puzle entero de todo aquello que está pasando, por ejemplo, en una familia. Si yo trabajo en un centro sanitario atiendo la salud física, si trabajo en una escuela me dedico a educar, etc. Existen pocos espacios reales de trabajo compartido donde se puedan poner en común las diferentes piezas del puzle que nos permitan tener una imagen completa. Las personas no somos fragmentos; somos un todo entero y para entendernos y atendernos hace falta que alguien nos mire en todas nuestras dimensiones.

Es muy probable que estos tres casos —que obviamente ahora están bajo sumario— estuvieran en contacto con otros servicios públicos o incluso red comunitaria, es muy probable que ya fueran personas conocidas de forma parcial por otros profesionales o entorno; es muy probable que ya hubiera algún conocimiento de cuestiones preocupantes antes de que el bebé llegara la última vez a urgencias de un hospital, pero, hoy por hoy, tal como está diseñado el sistema es muy difícil que se haga un acompañamiento integral. Por tanto, más allá del protocolo, la herramienta concreta, es necesario que entendamos como sociedad y como sistema de atención que las situaciones que estallan no son “setas” que surgen sin más, sino que atender las violencias en todas sus formas requiere conocer las vidas, las trayectorias de vida. Es en este punto donde solemos encontrar los elementos de análisis imprescindible que nos pueden permitir identificar situaciones de especial vulnerabilidad.

Conocer qué hay detrás de esta imagen final fragmentada es imprescindible. Desde esta perspectiva no nos podemos olvidar que, cuando hablamos de “padres y madres que maltratan a niños”, en una mayoría abrumadora estamos hablando de padres (hombres), y que detrás de estos padres que maltratan hay también, mayoritariamente, un hombre agresor que ejerce violencia hacia la mujer y madre de estos niños. Obviamente, hay excepciones; obviamente, hay mujeres parricidas y mujeres que pueden ejercer violencia. Pero tiene un carácter de excepcionalidad y, por tanto, es importante señalar que, si queremos hacer prevención y detección, habrá que entender que hay violencias hacia la infancia que pueden quedar ocultas de entrada y que se producen en contextos de violencia machista, porque forman parte de la misma lógica de ejercicio de la violencia. Como decía, hay que conocer las historias completas.

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