La buena pregunta

Iñaki Gabilondo, uno de los pocos periodistas unánimemente respetados en un sector de capillitas, se ha pasado la vida haciendo preguntas e intentando entender y contar. Durante muchas décadas, cuanto mejores eran sus preguntas más brillaba el entrevistado y mejor era el resultado para la audiencia, entendida como la verdadera protagonista y destinataria del oficio del periodismo.

El jueves nos acompañó a celebrar el aniversario del diario y nos dio unas cuantas claves para pensar. Nos explicó que cuando trabajaba en la serie de reportajes sobre el futuro social, científico y técnico que tituló Cuando ya no esté entendió que las mentes más brillantes del planeta compartían una mirada. Nos decía: “Iba buscando respuesta a la pregunta de cómo será el mundo cuando yo no esté y, como si se hubieran puesto de acuerdo todos los entrevistados, me decían: ¡a mí qué me cuentas! Nosotros podemos explicarte lo que la sociedad se encontrará encima de la mesa. Lo que la sociedad haga con lo que la ciencia le ponga sobre la mesa depende de los debates éticos, políticos, jurídicos, que elabore al respecto”. Gabilondo nos advertía de que había que cambiar la cuestión: “La pregunta no es qué va a pasar. La pregunta es qué vamos a hacer. Porque lo que va a pasar depende mucho de lo que haremos”.

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Qué haremos

Esta es la pregunta que nos interpela a cada uno de nosotros en cualquier espacio. También los periodistas debemos preguntarnos qué haremos y no qué pasará. Porque el futuro lo decide lo que hacemos, lo que no hacemos y lo que permitimos que se haga. Con lo que hacemos, con lo que no hacemos y con lo que permitimos que se haga se define mucho más futuro de lo que creemos que construyen las realidades superextraordinarias que nos ponen sobre la mesa la inteligencia artificial o la física cuántica. A los periodistas, nuestro tiempo –¿quizás ha sido siempre así?– nos exige plantar batalla y actuar en defensa propia. De entrada, empresarialmente debemos hacer frente a la sustitución del papel por el digital y a la caída de ingresos que se deriva de ello, pero también debemos hacer frente al ruido y a la mentira disfrazados de noticia y renovar los votos de nuestra función social para no mirar al abismo del cinismo.

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En defensa propia

¿Cuál es nuestra utilidad? ¿Para qué servimos en un tiempo en el que la historia ya no es la historia, la verdad ya no es verdad y los hechos ya no son los hechos? Quizás nunca llegaremos a la verdad perfecta, pero sabemos qué es la mentira y también qué es la honradez a la hora de informar. Sabemos cuándo jugamos limpio y cuándo nos dejamos vencer por las presiones, la pereza, la desidia o la ignorancia.

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En palabras de Gabilondo: “La credibilidad es decencia más tiempo”, y en esto intentaremos continuar, creando un espacio de confianza en nuestra sociedad, respetando su diversidad y escuchándola, debatiendo las ideas y empujando en las causas de la educación, la lengua, el conocimiento, los derechos de las personas, la iniciativa económica, el progreso. Siendo dignos de la confianza de cada vez más lectores.

El altísimo grado de incertidumbre que vivimos no es pasajero y en el ARA lo continuaremos navegando con nuestra comunidad.

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El periodismo debe reivindicarse en defensa propia cuando la democracia tiembla. Hay un fantasma autoritario y populista que recorre no solo Europa sino el mundo, y es trabajo del periodismo combatirlo. Sigamos creyendo en los seres libres, en los pueblos libres, en la ilusión de construir una sociedad más justa, más progresista y más libre. Con todos aquellos que todavía creen en ello continuaremos luchando por la salud de la democracia y de Europa, la mejor de las realidades posibles.

Como dice Iñaki Gabiolondo: “El periodismo y la democracia son el huevo y la gallina, sin periodismo no hay democracia, sin democracia no hay periodismo”.

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Tiempo de fatiga social

Está claro que la democracia, el país, el periodismo, la propia idea de Europa, viven cierta fatiga. Y un mundo fatigado puede convertirse en un mundo cínico y decadente si no renueva las ilusiones, si no tiene claras las batallas que vale la pena luchar.

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Un año más renovamos nuestra voluntad de lucha, que pasa por escuchar, explicar, denunciar, poner el foco en lo que no se quiere o no se puede ver. Una lucha que comienza con una sola y poderosa arma, que es la página en blanco.

Gracias a nuestros suscriptores, lectores, accionistas y anunciantes, que hacen posible un año más que el ARA sea un espacio de civismo, debate abierto e información libre y comprometida.