El cambio climático también se vota

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Un operario trabaja en el desagüe de un garaje tras el paso de la dana Adam por el País Valenciano, que ha dejado tres víctimas mortales, centenares de evacuados y numerosas pérdidas materiales.
24/10/2026 - 18:01 h
Economista y socia de KSNET

Después de un verano de calor sofocante, incendios y lluvias torrenciales, parece que el otoño ha llegado por fin a Cataluña. Entramos de lleno en una precampaña electoral, ahora ya sin noches tórridas que no nos dejan dormir, alertas en los móviles ni olas de calor. Pero todo apunta a que el cambio climático será uno de los grandes ausentes del debate.

Este verano, Barcelona ha sido la segunda ciudad europea con más muertes atribuibles al cambio climático. Unas 1.600 personas, según un estudio del Imperial College de Londres publicado esta semana. Apenas hará dos años de la dana de Valencia, que dejó más de 200 víctimas mortales. Desde entonces, hemos aprendido a convivir con las alertas preventivas y a adaptar la vida y los planes a la meteorología. Pero las muertes por el calor evidencian que no basta con avisar del peligro para protegernos.

Hace poco más de un mes, Suecia celebró elecciones generales. El bloque de centroizquierda obtuvo una victoria ajustada, y en el debate final televisado el cambio climático fue uno de los seis grandes temas de discusión, junto con la economía, la sanidad y la seguridad. De hecho, unas semanas antes, los líderes de los diversos partidos tuvieron un debate dedicado en exclusiva a las políticas climáticas. No todos estaban de acuerdo en las medidas que había que tomar, pero sí que tenían que explicar y defender públicamente sus posiciones.

Aquí, la campaña electoral viene marcada por la vivienda, las pensiones y el coste de la vida. Y con razón, porque son cuestiones que condicionan nuestro día a día. Pero el cambio climático también. No es lo mismo pasar una ola de calor en una vivienda bien aislada y con aire acondicionado que en un piso donde la temperatura no baja ni de noche. Ni poder teletrabajar cuando hay una alerta por lluvias que tener que salir igualmente de casa. Ni afrontar temperaturas extremas con buena salud que con una edad avanzada. Según datos del CIS, tres de cada cuatro ciudadanos dicen que el cambio climático les preocupa mucho o bastante, pero casi nadie lo menciona cuando se les pregunta por los principales problemas del país. Quizás porque no compite con estas preocupaciones: las atraviesa.

Seguramente es más sencillo preocuparnos por el cambio climático en medio de una emergencia que discutir las decisiones que hacen falta para afrontarlo. Son decisiones que implican inversiones, regulaciones y prioridades. De aquí a unas semanas votaremos, y deberíamos saber qué propone cada partido. ¿Qué modelo energético y productivo defiende? ¿Cómo reducirá las emisiones? ¿Cómo adaptará las viviendas y las ciudades a unas temperaturas cada vez más extremas? Planificada o no, la transición ecológica se hará igualmente: lo que está en juego es evitar que los costes de esta transformación recaigan sobre quien menos recursos tiene.

El cambio climático merece un espacio propio en los debates electorales de aquí al 29-N. Que los candidatos expliquen qué proponen, defiendan sus decisiones y respondan a preguntas concretas, ante las cámaras. Porque, si no hablamos de ello ahora que tenemos que decidir quién nos gobernará, volveremos a hablar de ello cuando la próxima ola de calor, incendio o inundación nos obligue a recordar que el problema sigue aquí.

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