Cercanías o el regreso a la casilla de salida

No parece que las dos manifestaciones convocadas el sábado en Barcelona por el caos de Cercanías puedan superar la participación que se produjo en diciembre del 2007 en la protesta por un caos similar. Primero, porque aquello fue un despertar y lo de ahora es unremake. Y segundo, porque ya nos hemos dicho todo. Más aún: nos hemos dicho de todo, incluido el referéndum de independencia, la suspensión de la autonomía, el encarcelamiento de políticos y activistas, y unas pocas batallas campales con la policía. Fuimos el catalán cabreado y ahora somos el catalán baldado.

Además, la manifestación del 2007 fue una variedad del secular "Escucha, España". Era un acto simultáneo de denuncia y afirmación nacional. Las del sábado están lastradas por la decepción de haber visto sacrificar tanta unidad en el altar de los recelos internos y las agendas particulares de los supuestos estrategas. La represión ha hecho daño, pero la desunión ha hecho mucho más. Por eso no hay una manifestación sino dos.

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Es enternecedor comprobar que el manifiesto de convocatoria de 2007 pedía el traspaso a la Generalitat de la red de transporte e infraestructuras, la recaudación y gestión de los impuestos en Cataluña y la publicación de las balanzas fiscales. Volvemos a estar en el mismo sitio, en la casilla de salida del Monopoly, después de pasar por la cárcel. ¿Qué más les podemos decir y qué más nos podemos decir a nosotros mismos, si han pasado 18 años y se llega igual de tarde al trabajo en trenes tachados y estaciones con ascensores estropeados, y Cataluña sigue viviendo en la asfixia premeditada que retrató Trias Fargas? Siempre es bueno levantar la voz para exigir las cosas que nos han negado, pero el duelo por la ocasión perdida ha convertido a la legión del 2007 en un país de escépticos escaldados.