Ceuta, la frontera y los culpables
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Durante años tuve un pasaporte que me abría muy pocas puertas. Hoy tengo pasaporte español y puedo mirar el mundo desde otro lugar. Sigo siendo la misma persona, pero el documento que llevo en el bolsillo ha cambiado. Lo explico para recordar que la desigualdad también se expresa en la capacidad que uno puede tener de moverse libremente.
Asimismo, a menudo, cuando hablamos de migración africana hacia Europa, olvidamos factores determinantes para explicarla.
Primero, miremos el fenómeno desde el presente inmediato. La desigualdad entre territorios herencia del colonialismo casi nunca vertebra los discursos sobre migraciones. Esto no quiere decir que todos los problemas actuales de África los explique la historia colonial (los gobiernos africanos tienen responsabilidades y la corrupción es un hecho). Pero no podemos olvidar de dónde venimos.
Segundo, la deshumanización. La persona que llega a Ceuta, sube a una embarcación, salta una frontera o aparece en una noticia tenía una vida antes de convertirse en migrante. Pero cuando llegan a Ceuta ya no hablamos de Fatou, Mohamed, Mariam o Cheikh. Hablamos de los inmigrantes que “saturan la sanidad”, “nos quitan los pisos”, “reciben todas las ayudas”, “traen inseguridad”. Pasamos del caso concreto a la generalización. Y si continuamente recibimos inputs de personas migrantes relacionadas con conflictos, esto pesa mucho en la manera en que pensamos en los recién llegados como grupo. Dejamos de decir “esta persona ha hecho esto” para pasar a decir “esta gente es así”.
También hay que entender que el migrante africano no siempre es una persona que no tenía nada y que llega a Europa huyendo de la pobreza. La realidad es más compleja. El estudio Scaling fences, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, entrevistó a 1.970 personas procedentes de 39 países africanos que habían llegado a Europa por vías irregulares. El 58% trabajaban o estudiaban antes de marcharse. La investigación también muestra que el trabajo no era el único motivo para migrar y que las aspiraciones, las oportunidades y la capacidad de decidir sobre la propia vida tenían un papel importante. Una persona puede tener trabajo y sentir que no puede avanzar. Puede estudiar y no ver futuro. Puede querer ayudar a la familia. Puede querer ganar más. O simplemente puede querer conocer otra vida. Migrar no es siempre huir de una vida imposible. También puede ser querer ampliar las posibilidades de la propia vida. Y entenderlo también ayuda a desmontar mitos nocivos.
Tercero, la incomprensión de lo que son las fronteras fuera de Occidente. Durante la crisis de Ceuta mucha gente se ha preguntado por qué tantas personas habían entrado así en la ciudad. Yo haría otra pregunta: ¿qué posibilidades tenían de llegar de otra manera?
Para acabar, no quiero negar los problemas que se viven hoy en Ceuta. Hay residentes preocupados. Hay personas migrantes durmiendo al raso. Hay servicios sometidos a presión. Ha habido muertes. ¿Qué ha provocado todo esto? ¿El problema es la llegada masiva? ¿O la falta de vías legales? ¿O ha habido un problema de planificación? ¿De capacidad de acogida? ¿De relaciones entre estados? ¿De recursos? ¿De política europea? ¿Quizás un compendio de cosas?
Poniendo la culpa sobre los migrantes obtenemos una explicación muy sencilla. Pero quizás no obtenemos la explicación correcta.
Muchas personas que culpan a los migrantes de todos los males tienen problemas reales. Pueden no encontrar piso. Pueden esperar meses una visita médica. Pueden tener un trabajo precario. Pueden sentir que su barrio ha cambiado muy rápidamente. Esto importa. Pero atribuyen causas equivocadas a sus problemas porque la persona migrante es visible. Una política de vivienda, una decisión presupuestaria, la precariedad del mercado laboral o el incremento de las desigualdades son mucho menos visibles.
Hay que deshacer el camino que nos ha llevado hasta aquí. Volver a ver al otro como una persona. Y no para idealizarlo. Una persona migrante se puede equivocar, puede cometer un delito o generar un conflicto. Exactamente igual que una local.