El chatbot sí que me entiende
Un informe publicado recientemente en Estados Unidos (fundación RAND) afirma que el uso de chatbots de inteligencia artificial para consejos sobre salud mental entre adolescentes y adultos jóvenes ha aumentado más de un 40% durante el último año, y que casi 1 de cada 5 informa que ha utilizado herramientas de IA como apoyo. El 19,2% de los jóvenes de entre 12 y 21 años dijeron que habían utilizado chatbots de IA (Gemini, ChatGPT, Meta AI o Character.AI) para obtener ayuda o consejos cuando se sentían enfadados, nerviosos, tristes o estresados.
En Europa, la encuesta de Ipsos BVA realizada a principios de 2026 entre jóvenes de 11 a 25 años en Francia, Alemania, Suecia e Irlanda indica que uno de cada dos jóvenes ha utilizado el chatbot para hablar de lo que le preocupa. En paralelo, también está aumentando el porcentaje de psicólogos que utilizan un chatbot de 24 horas como asistente terapéutico. ¿De qué va todo esto?
Los jóvenes dicen que el chatbot no les juzga. Me hace pensar cuando la gente habla de su perro: siempre está contento y su aprobación es incondicional. Pero para el perro, que es un ser vivo, no todo está previsto tal como el amo lo imagina: a veces se come aquel trocito de jamón que te habías descuidado sobre la mesa. ¡Rayos y truenos! En esta expresión del Capitán Haddock de Tintín está la contrariedad. Los seres vivos son a veces imprevisibles.
Para los jóvenes, el chatbot está siempre disponible. Ojo: estar disponible y acoger un malestar son dos cosas diferentes. Acoger y escuchar van juntos: cuando escuchamos la angustia de un adolescente o acogemos la queja de un joven estamos, en parte, disponibles... ¿Disponibles ¿para qué? Quizás esa es la cuestión. Podemos estar disponibles para aceptarlo todo (es el caso del chatbot). Pero también podemos estar disponibles para escuchar un poco más allá de la literalidad de lo que se dice. Jacques Lacan utilizaba la frase “lo que se dice dentro de lo que se siente”. El chatbot “siente” (registra), pero no capta lo que se dice, porque no escucha.
El chatbot hace el papel de un otro. ¿Cuál es la diferencia entre un otro y un algoritmo digital? El otro tiene un cuerpo que hace de límite: es una frontera. No podemos imaginar estar en el otro cuerpo. El otro es siempre oscuro. ¿Qué quiere el otro? No lo sabemos a ciencia cierta. Pero el otro está ahí con el cuerpo, acogiendo en silencio. Mientras tanto, el chatbot hace ver que acoge, cuando en realidad solo registra aquello que se le dice para buscar respuestas asociadas y estandarizadas, a las cuales se adaptan los adolescentes y jóvenes, creyendo que hablan de ellos.
Hay gente que es como un chatbot, en realidad. Ni acoge ni escucha. Rodeados de esta gente, los jóvenes, en lugar de buscar otra (gente), se conectan con el chat, con quien todas les ponen.
Ante las dificultades de la vida, debemos excluir los chatbots y la gente que se les parece, y a la vez rescatar y visibilizar a las personas que acogen y escuchan, sin asistentes terapéuticos que valgan, con quienes los jóvenes puedan “conectar” de verdad. Todo lo demás es una auténtica indecencia.