¿Qué es la cultura?
Hace unos días, Sílvia Pérez Cruz, al aceptar el Premio Nacional de Cultura, terminó su discurso de aceptación diciendo que si cuidamos la cultura, la cultura nos cuidará a nosotros. Me pareció que ya se lo había oído decir en alguna otra ocasión, y lo encontré muy acertado: cuesta pensar en alguien que pueda afirmarlo con tanta convicción, y a la vez con tanto sentido. Solo hace falta evocar una de las canciones de Sílvia, o cualquiera de sus conciertos, o incluso su forma de hablar, de moverse, de actuar, para ver que, ciertamente, se toma su oficio como un acto de cuidado. Y de responsabilidad, también. Lo dice Mireia Sallarès, eso, que tener una idea es tener una responsabilidad, y me gusta cómo resuenan ambas ideas juntas porque, más allá de la cosa política o de la dimensión social de la creación en términos de manifiesto o de reivindicación, hay una acción política en el gesto de escribir (poemas, canciones, ideas, arte...) que trata de una intención política más delicada y sinuosa, diría, más sutil y quizás imperceptible, que es la de cuidar y la de tener responsabilidad.
Pienso en esto desde hace unos días, cuando fui al cine a ver La bola negra después de haber leído diversas entrevistas de sus directores, y percibir que el valor político del filme tenía que ver, para los medios, con el hecho de recuperar la memoria de la Guerra Civil: una memoria, como toda memoria, parcial y limitada. Me había sorprendido la insistencia de los directores en remarcar que la película recupera las historias enterradas de aquellos años de horror y que el filme lo haga, además, de una forma espectacular (en el sentido de espectáculo). Por momentos parece que el dispositivo y la búsqueda constante de emoción diluyan la voluntad de explicar. No lo sé. Como con todo, hubo cosas que me interesaron mucho y otras que no, pero quería evocar la película no para analizarla, sino para volver a la idea de Sílvia Pérez Cruz y preguntarme si hace falta tener objetivos tan grandes, a la hora de crear, como el de rememorar los fantasmas de un país y desenterrarlos, o si hay algo relevante y urgente en el hecho de entender el acto de creación desde el cuidado y la responsabilidad. Sospecho que este movimiento delicado y sinuoso, como decía antes, es más complicado de ejecutar de lo que parece.
También hace pocos días, el festival de poesía Irreconciliables de Málaga anunciaba que ninguno de sus actos sería retransmitido en forma de reel por las redes: "Queremos cuidar la intimidad y la belleza de lo que pasa cuando nos encontramos", afirmaban. El día antes, la librería Pérgamo de Madrid, una de las más antiguas de la ciudad, anunciaba su cierre, y Pablo, uno de sus libreros, explicaba en la radio que había que empezar a hacer entender a la población que uno de los grandes peligros para las librerías hoy es la especulación inmobiliaria, y no el libro digital. Cuando hablaba de la librería, lo hacía en plural, porque no podía distinguir entre los libreros y la comunidad que habían conseguido generar alrededor del proyecto: el cierre iba en contra de todos. Quizá cuesta encontrar la relación de estos hechos, pero ahí está: son ejemplos, o demostraciones, de que la cultura tiene que ver con el hecho de cuidar, como reivindicaba Sílvia, y con la posibilidad de crear espacios donde podernos seguir encontrando. Puede ser en uno de sus conciertos, en un acto de Irreconciliables del que no quedará rastro en las redes o en una librería centenaria, antes de que la hagan cerrar. Creo que incluso lo cree Angélica Liddell, esto, aunque probablemente ella quemaría todas las palabras que escribo aquí, pero pocas veces he sentido tanta comunión como en la sala grande del Teatro Nacional con Vudú (3318) Blixen. También hace pocos días inauguraba la Bienal de Pensamiento y yo lo volvía a pensar: en su destrucción hay, lo busque o no, la posibilidad del encuentro. A pesar de la dimensión excesiva de su teatro y su escritura, a pesar del deseo de expulsión del público y del lector, queda la comunión de tantas soledades desesperanzadas en la butaca de platea. Alguna cosa ocurre.
No sé vosotros, pero yo encuentro que en todo esto hay la voluntad de cuidar de alguna cosa importante y necesaria. Vuelvo a escuchar a Sílvia y entonces lo afirmo convencido, con ella: si cuidamos la cultura, la cultura nos cuidará a nosotros.