Los dos decretos

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Consejo de ministros en el que se aprobaron, este martes 29 de septiembre, los dos decretos que deben paliar los efectos de la crisis de la vivienda.
30/09/2026 - 14:46 h
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¿Ingobernable? A estas alturas, la insólita situación con dos decretos (dos paquetes de medidas que aspiran a ser votados como decretos) compitiendo entre ellos, por decirlo así, para ser aprobados en el Congreso, es más bien una fotografía de la política española: fragmentaria, crispada, contradictoria, difícil de gobernar. Pero también plural y diversa. Los dos decretos, o los dos aspirantes a decretos, son, al fin y al cabo, un retrato en forma de rareza legislativa de lo que es la mayoría que invistió a Pedro Sánchez. Un conglomerado de fuerzas que ideológicamente va de Junts hasta Podemos (ninguno de los dos son extrema derecha ni extrema izquierda, por cierto, pero sí que se complacen en el papel de socios incómodos y de huesos de difícil roer), pasando por ERC (que intenta superar el populismo posprocesista con el populismo rufianista), la derecha y la izquierda vasca (mucho más claros y sólidos que la irritada, e irritante, riña independentista catalana), más otro conglomerado, Sumar, que todo el mundo sabe que no ha funcionado, pero que incluye partidos importantes dentro de los Países Catalanes como Compromís o Més per Mallorca. Es aquello que la derecha española acostumbra a ridiculizar como el Frankenstein, una mayoría hecha de muchos trozos, se supone que de cadáveres políticos (el cadaverismo guerracivilista es un ingrediente muy presente en las recetas patrioteras de PP, Vox y derivados). Alguien también puede hablar de frontismo, de un frente de izquierdas frente a un frente de derechas.

Pero más bien se trata de otra cosa. No se puede hablar de un frente “de izquierdas” cuando necesariamente tiene que contar con partidos de derecha potentes y significativos como Junts o el PNV: más bien se trata de la suma de fuerzas que intentan rehuir o evitar la hegemonía de PP y Vox, porque saben que constituirá para ellos una prueba durísima de supervivencia (también para Junts y PNV, en tanto que partidos susceptibles de ser señalados como antiespañoles por una mayoría españolista ultranacionalista). Las encuestas vaticinan un PP débil gobernando bajo los dictados de Vox, como ya sucede en el País Valenciano, en las Baleares, en Aragón, en Extremadura, en Andalucía o en Castilla y León. El resultado en todas estas comunidades es una involución espectacular en políticas sociales, un seguidismo ayusista/voxista inquietante y una reivindicación del todo desacomplejada de los viejos buenos tiempos del franquismo, cuando a la gente no le hacían falta tantos debates ni tantos derechos ni tantas tonterías para vivir felices. Cuando menos, esta es la mercancía que vende (y aplica) el combinado de la derecha extrema y la extrema derecha.

También en política de vivienda: la receta supuestamente liberal (pero no), consistente en bajar impuestos, construir mucho y eliminar trámites para hacerlo, en vez de paliar el problema, evidentemente lo multiplica. Es como querer combatir los incendios forestales rociándolos con combustible. Falta ver a dónde llevará el camino de los dos decretos, pero de momento lo que se ve son las dos Españas machadianas, en medio de las cuales quedan migajas las minorías nacionales y culturales, junto con todas las Maricármenes.

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