Evitar la guerra con Rusia: la empatía hobbesiana

Prácticamente nadie discute los efectos positivos que ha tenido la UE en el desarrollo de las sociedades europeas de los últimos setenta años. Además de las ventajas en materia socioeconómica –espacio económico y moneda comunes, desarrollo, derechos sociales, etc.–, se trata de un período de estabilidad enmarcado en la ausencia de guerras internas entre los estados miembros. Es un fruto positivo surgido de la nefasta experiencia bélica de la Segunda Guerra Mundial.Hoy esta paz interna europea no corre peligro. No se puede decir lo mismo, sin embargo, de la situación internacional en la que están implicados los estados de la UE (y de la OTAN). Tal como van las cosas no es descartable que se produjera a corto plazo una guerra con Rusia. Esto representaría una estupidez irresponsable, ya que la guerra no interesa a ninguno de los dos bandos potenciales. Vamos por partes.1. Los discursos occidentales sobre la “seguridad europea” no se analizan ni se hacen en paralelo a los objetivos de la seguridad rusa. La falta de una empatía hobbesiana –analizar el mundo de las relaciones internacionales desde la mirada del “otro”– acostumbra a erosionar las posibilidades de resolver los conflictos por la vía diplomática. La seguridad que se busca nunca es solo la propia.2. Resulta parcialmente demagógico presentar Rusia como el estado “agresor”, silenciando la política expansiva previa de la OTAN hacia el este de Europa. Una expansión que vulneró los acuerdos previos (Gorbachov) que hicieron posible –con la aceptación por parte de Rusia– la unificación de Alemania en el año 1990 después del hundimiento del régimen soviético. Tal como he dicho en alguna ocasión, la voluntad posterior de los EE. UU. (OTAN) de ganar la posguerra después de ganar la Guerra Fría está en el origen de los problemas actuales.3. Tal como destaca el académico norteamericano Jeffrey Sachs, los estados europeos no son actores fiables a la hora de respetar acuerdos internacionales: los han vulnerado constantemente. Una pequeña lista: la mencionada expansión de la OTAN; el menosprecio a las propuestas de colaboración de Rusia en los primeros años del siglo XXI (cumbres de Múnich y Bucarest), que condujeron a la previsible invasión de Crimea, un territorio ruso desde finales del siglo XVIII, el año 2014; el reconocido engaño europeo (ratificado por Merkel) de los acuerdos de Minsk II (2015) a pesar de la colaboración de Francia y Alemania. No parece que la posterior invasión rusa de Ucrania (2022) fuera precisamente una sorpresa. El boicot occidental (EE. UU., Reino Unido) al acuerdo de Estambul del 2022 va en la misma dirección.4. Las guerras han cambiado. Los costes económicos de las misiones de ataque son menores que los costes de carácter defensivo. La combinación de drones, misiles y el creciente peso estratégico de la inteligencia artificial son un factor más de inestabilidad, así como de posibles errores y de decisiones tácticas sin control humano. Las guerras son actualmente más fáciles de empezar y más difíciles de acabar.5. Alemania y Japón, las dos principales potencias derrotadas en la Segunda Guerra Mundial, comienzan a estar inmersas en un programa de fuerte militarización. Está previsto que los presupuestos de defensa (o de guerra) de estos dos estados aumenten de manera importante en la próxima década. El caso de Alemania, visto desde Rusia, no se puede leer más que como una amenaza real. Fueron los alemanes quienes invadieron Rusia hace solo unas décadas. Además, un general (estadounidense) y un ministro de Exteriores (lituano) de la OTAN han amenazado con atacar Kaliningrado, asentamiento ruso del Báltico. Un ejemplo de irresponsable irracionalidad.

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6. Se entiende bien que países como los estados bálticos o Polonia incentiven una política de disuasión militar. Sin embargo, desde la perspectiva rusa de seguridad, las actuaciones actuales del tándem OTAN-UE no pueden verse sino como una amenaza. En este sentido, creo que la UE se está equivocando de estrategia si lo que se quiere evitar es una confrontación bélica. Respaldar incondicionalmente al gobierno ucraniano incentiva una escalada que acerca la probabilidad de guerra a Europa y aleja la posibilidad de una solución negociada pactada en términos realistas de estabilidad.Escribo incondicionalmente porque creo que es a la vez conveniente y posible empujar a Ucrania al establecimiento diplomático de un marco de estabilidad para las relaciones futuras entre este país, Rusia y la UE. Resulta necesario el desarrollo de la mencionada empatía hobbesiana entre las partes en conflicto; verlo con los ojos de la otra parte. Evitar una guerra le conviene a todo el mundo.Para que las dos partes del conflicto puedan expresar victorias parciales habría que asegurar y acelerar el ingreso de Ucrania a la UE, con el entendimiento de que esta renunciara explícitamente a integrarse en la OTAN. Mientras que Crimea forma parte de Rusia, el Donbás puede regularse a partir de una muy amplia autonomía legitimada tanto por Rusia y Ucrania como por fuerzas internacionales.Finalmente, creo que, en general, la UE debería aproximarse a Rusia, tal como esta última planteaba hace solo dos décadas. Hay posibilidades claras de éxito en los ámbitos económico, político, estratégico y cultural. Todavía estamos a tiempo.Invirtiendo la conocida máxima del historiador romano Flavio Renato Vegecio, podemos decir: “Si no quieres guerra, prepárate para la paz”.