Feijóo, con la murga del catalán

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El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, después de firmar su "contrato con España"
20/10/2026 - 13:40 h
Escritor

Este hombre que se presenta por el PP, Alberto Núñez Feijóo, fue a Cataluña a explicar una cosa que llama Contrato con España y que vienen a ser las medidas más destacadas que piensa aplicar si España lo contrata a él como presidente del gobierno. Son una serie de cosas de derecha espantosamente rancia, que incluyen la defensa de la soberanía nacional (nacionalismo banal y no tan banal a espuertas), el “aligeramiento” del estado (recortes en los ámbitos laboral, social y cultural), “ordenar” la inmigración (barra libre a la xenofobia y la aporofobia), la “garantía” de las pensiones (las quieren privatizar), el “fortalecimiento” de la sanidad pública (la quieren recortar todavía más) y una medida estelar, fulgurante, sin la cual la gente de bien, que es a la que se dirige Feijóo, no puede vivir: garantizar la enseñanza del castellano en Cataluña, y se entiende que también en el País Valenciano y en las Baleares, donde también hay indígenas que se empeñan en hablar (¡y en enseñar en la escuela!) la lengua catalana. En la cláusula del “contrato” referida a educación, figura también un compromiso que asume el candidato Feijóo y que no puedo dejar de reproducir, porque constituye un despropósito singular y enorme: “(...) la educación debe premiar el esfuerzo, incrementar la exigencia y reforzar la autoridad del docente. Los contenidos serán elaborados por las reales academias”. Las reales academias no hacen ni han hecho nunca ningún tipo de tarea educativa ni pedagógica, y los trabajos que elaboran no tienen nada que ver con la escuela primaria ni secundaria. Ya solo falta que los alumnos tengan que completar su formación con un año en el Juan Sebastián Elcano.

Feijóo promete un 50% de castellano en las aulas catalanas. Podría prometer un 60, un 75 o un 83'74. Hablar de porcentajes idiomáticos dentro de un aula, y aún más dentro de las aulas actuales, donde se reúne una diversidad cultural y lingüística que los señores del PP no pueden ni imaginar, es otra burrada. Naturalmente, ni la calidad de la escuela pública (también la quieren desmontar, por la vía de convertirla en el lugar del conflicto donde nadie quiera ir) ni el rigor pedagógico les importan un rábano. Se trata únicamente de lo de siempre. De la aburridísima, ignorante, necia y desalentadora guerra que la derecha nacionalista española tiene desde siempre contra la diversidad lingüística, y muy en particular contra la lengua catalana.

Que esto todavía les permita arañar votos en ciertos sectores del electorado es un síntoma nefasto: tanto en lo que se refiere al nivel político de esta derecha, como a la consistencia de la cultura democrática que se ha desarrollado en el estado español en estos cincuenta años. Pero sobre todo es un aburrimiento cósmico, un anacronismo, un retroceso y una lata obsesiva capaz de aburrir a los muertos y a las piedras (que suelen tener paciencia). Que en estos cincuenta años no hayan sido capaces de avanzar ni un milímetro en el respeto a los derechos lingüísticos era algo que ya sabíamos. Constatarlo en forma de promesa electoral es, simplemente, inaceptable.

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