Hablar de lo que toca

3 min
Sobres y papeletas en un colegio electoral.
07/11/2026 - 19:04 h
Periodista, guionista y productor de televisión

No se trata de elegir qué inmigrante nos cae mejor, sino de vehicular la inevitable pluralidad del país en un marco compartido que o será catalán o será español.

Quizás sea una obviedad a estas alturas, pero en estas elecciones no se dirime la independencia de Cataluña, eclipsada por un problema urgente y de carácter global: el riesgo de ver en el poder a una extrema derecha autoritaria y –en el caso de España– asimilista y castiza. Por tanto, los partidos catalanes, también los independentistas, se están adaptando a este marco que, como acostumbra a decir Gabriel Rufián, “ya no se puede ignorar”. ¿Cómo lo están afrontando las diversas opciones políticas del país?

  1. Junts querría para Miriam Nogueras el mismo papel estelar que ha tenido hasta ahora, pero las encuestas no indican que esté aprovechando ni la ausencia de AC, ni la tibieza de Rufián. Diría que estos no son sus comicios. Ante una bipolarización tan intensa, y un voto del miedo tan instalado, el accidentalismo tradicional de los convergentes es más difícil de vender. Pensad en el silencio y el recogimiento de Carles Puigdemont: sabe que su momento no es ahora.
  2. Respeto por una formación pequeña y joven como Alhora, que se empeña en fijar un marco alternativo (bloquear a España y echar al PSC de todas partes), con muy pocas posibilidades de éxito, el viento en contra y quizás un exceso de soberbia. El putaespanyismo ayuda mucho a desahogarse con un dedal de ratafía o de tequila, pero quizás esta ida de olla, que todavía está en fase prepolítica, la representa mejor La sotana.
  3. Tengo menos respeto por Aliança Catalana, por las razones obvias, pero también porque ha regalado su espacio electoral. Si por nuestros pecados ha de existir un partido como AC, al menos podrían hacer daño a Vox; pero parece que no será el caso. Esto nos indica que los ultras catalanes son más ultras que catalanes, y tienen más miedo del teórico califato que de una realidad granítica e históricamente hostil como es España. Lo cual solo se explica desde el racismo. Aquí no se trata de elegir qué inmigrante nos cae mejor, sino de vehicular la inevitable pluralidad del país en un marco compartido, es decir político, que o será catalán o será español. Son habas contadas. Quien os hable del califato, o de salvar Occidente, os está distrayendo del objetivo.
  4. En cuanto a ERC, Junqueras se ha tragado el sapo de Rufián porque sabe que le brindará un buen resultado, y porque tiene una oportunidad única de aplastar a los Comunes. Deshacerse de adversarios es una manera infalible de crecer. Después vendrán las contradicciones, enormes; y bromearemos sobre ello, claro. Pero en el personaje hay detalles interesantes: lo que Rufián afirmó en defensa del catalán, en Nou Barris, no tiene nada que ver con su tendencia a decir lo que las masas quieren escuchar. Dicho esto, la física no engaña: para ampliar la base se debe bajar el centro de gravedad. ERC está intentando pactar con la Cataluña real. Veremos a qué precio.

Lo que he dicho se refiere a una mitad del país. La otra mitad –la mayor parte de los votantes del PSC, el PP y Vox– participa del debate general en el estado español, que básicamente es la lucha entre el antisanchismo y el antifascismo. El PSC es el mejor situado para reunir el voto útil en Cataluña, lo cual perjudicará, y mucho, a los Comunes. Pero en la noche electoral los titulares de la prensa no hablarán del resultado del PSC, sino del PSOE. Si la campaña le es favorable y finalmente la izquierda suma, Salvador Illa respirará aliviado. Si no, se convertirá en una especie de Astérix, el líder de la aldea gala que resiste ahora y siempre al invasor... Un disfraz que, francamente, no le encaja ni por ideología ni por temperamento.

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