El estado incapaz

Muchas cosas no funcionan bien en nuestra sociedad: falta de vivienda, congestión en los servicios de salud, la escuela con resultados de los tests de PISA insatisfactorios y que no mejoran, infraestructuras con falta de inversión y mantenimiento como Cercanías o la AP-7, falta de inversión en energías renovables en Cataluña junto con un gran apagón en la Península (del cual todavía no sabemos las causas), incidentes de seguridad como robos sistemáticos de cobre, ladrones multireincidentes, plantaciones de marihuana para ganar la liga europea y el aumento de los tiroteos con algunos asesinatos a plena luz del día.

Las diferentes instancias de los gobiernos no parecen capaces de afrontar estos problemas con eficacia; problemas que, por otra parte, no son exclusivos de Cataluña ni de España y que, además, erosionan la confianza de los ciudadanos en el sistema democrático y alimentan los populismos. ¿Qué explica esta incapacidad del estado?

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Hay causas diversas. Por parte de los dirigentes políticos, hay cortoplacismo electoral. La solución de los problemas mencionados necesita planificación y ejecución durante años. Hay que anticipar los problemas y no solo reaccionar cuando se presentan. Sorprende, por ejemplo, que no se anticipara el aumento de tráfico en la AP-7 cuando se levantaron los peajes y que el mantenimiento sea deficiente. Los problemas de la escuela y de los servicios de salud no solo son de recursos, sino que son de estructura y de incentivos (por ejemplo, de autonomía de la escuela, de autoridad de los directores, de transparencia y de evaluaciones independientes). Atacar las cuestiones de fondo es más difícil que estirar el presupuesto público y requiere mucho más coraje político. Sobre todo cuando el malestar de algunos colectivos que cortan calles y carreteras de manera recurrente para conseguir sus objetivos se traslada a los ciudadanos, a los cuales impide la movilidad. Parece que hay demasiados colectivos corporativos que pasan por encima de los intereses generales del país con su capacidad de veto, ya sean maquinistas que acaban decidiendo sobre Rodalies, taxistas que deciden quién puede entrar o no al sector, o los mismos vecinos que deciden sobre las instalaciones renovables u otros intereses sectoriales. Al ciudadano que paseaba por Collserola, el gran parque del área metropolitana, le cuesta entender que esté cerrado de manera indefinida desde hace meses por la peste porcina pero que se haya construido dentro un poblado celta para filmar una película (aunque sea con Russell Crowe). ¿Cómo es que no se anticipó que la gran sobrepoblación de jabalíes era problemática? ¿Se han tenido en cuenta los beneficios para la salud que proporciona Collserola a los ciudadanos que tienen muy poco acceso a parques y jardines?

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No basta con instituciones de calidad y ciudadanos que confían entre sí y en las instituciones (el capital social de un país); además, la burocracia del gobierno debe ser efectiva. Aquí, un problema es que la estructura de la administración lleva al funcionario a no asumir ningún riesgo. Se pone el control del proceso por delante de la obtención de resultados. Como afirman Ezra Klein y Derek Thompson en el libro Abundance, las administraciones demócratas en Estados Unidos, que admiten los bloqueos a proyectos públicos por parte de diferentes colectivos, han prometido mucho y han entregado poco, y han conseguido gastar más sin mejorar los servicios ni, por ejemplo, la construcción de vivienda. El hecho de que Hacienda funcione en España con eficacia recaudadora indica que es posible proporcionar los medios y los incentivos a una agencia del gobierno para alcanzar sus objetivos.

Para afrontar los problemas de fondo, es necesario también cohesionar la sociedad para alcanzar los objetivos y las reformas necesarias. Así se crea consenso y legitimidad en las actuaciones. Desgraciadamente, el contexto político en muchos países, y ciertamente en España, es de gran polarización y de negación del oponente, y el partidismo ya ha contaminado gravemente las instituciones. Algunos países nórdicos y Alemania indican el camino. En este último país, conservadores y socialdemócratas han llegado a un pacto para hacer sostenibles las pensiones, inspirados en el modelo sueco y siguiendo los consejos de un comité de expertos. Sin pactos transversales, por ejemplo, no puede haber una reforma exitosa de la escuela. Es necesaria una reacción de la sociedad civil que plantee soluciones y ayude a construir consensos que fuercen a los partidos políticos a afrontar los retos económicos y sociales con una perspectiva a largo plazo. No será fácil, pero hay que hacerlo.