Las izquierdas, el respeto y la política

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Gabriel Rufián el viernes en la Diputación Permanente del Congreso.
18/10/2026 - 21:01 h
Ingeniero

Una sociedad está ordenada cuando se rige según un concepto común de justicia compartido y respetado. Esto debe empezar por el respeto a uno mismo, que es el principio primario. Así lo pensaba John Rawls. Spinoza, en una línea similar, planteaba que sin respeto y apreciación por uno mismo la felicidad es imposible: una persona no podrá respetar a los demás si no se respeta a sí misma. Esto supone creer en el propio proyecto pero también contar con suficientes fuerzas para llevarlo a cabo. Este segundo elemento es tan importante como el primero. En España lo olvidamos a menudo, tanto históricamente como en la práctica del presente.

Quizás por falta de respeto por uno mismo, los conflictos sociales que sufrimos parten de la falta de respeto por la contraparte y de una acumulación de fuerzas demasiado débil. Esto lleva a no cumplir los compromisos contraídos y la palabra dada, a mentir por razones de interés propio o por falta de cuidado en lo que se dice y se hace, a no escuchar las razones que se nos plantean si contradicen la propia posición. Hoy la sociedad tiene valores ligados al rendimiento y al éxito personal, no al respeto mutuo, al contraste de ideas y principios. Esto tiene que ver con el equilibrio entre lo que le importa a uno mismo y lo que importa a los demás. Si se antepone el interés propio, el resultado será siempre peor para el otro, pero también para uno mismo. El búmeran político y social es siempre más fuerte y más rápido de lo que piensa quien lo lanza. Y si además no hay propósito u objetivo claro, todavía peor. La consecuencia es la misma, pero el efecto que se perseguía se diluye por la falta de orientación.

Dice Byung-Chul Han, filósofo coreano de moda ahora en Alemania, que “la necesidad de estatus solo se puede satisfacer si los derechos civiles son iguales para todos”. Todo el mundo debe poder disfrutar de un cierto estatus y un cierto respeto. Es una obviedad, pero también una condición imprescindible que hay que recordar, porque el ego personal es su enemigo directo.

Se hace servir el concepto de “guerra civil molecular” para describir una sociedad, la nuestra, que funciona a partir de una razón endógena y sin frentes, donde la frustración personal va contra todo y contra todos. El odio, incluyendo el odio a uno mismo, impregna la vida de las personas y las frustra doblemente, porque las hace incapaces de constituir un frente solidario para luchar y combatir por aquello que quieren y no consiguen. El marxismo, en su intuición inicial, fue la expresión contraria ("¡Proletarios de todos los países, uníos!"), porque justificó y utilizó el frontismo para luchar. Pero aquella exhortación ha quedado atrás, lejos en el pasado, y ahora la situación presente es peor, porque la compañía de los otros y la voluntad compartida para luchar han desaparecido, y todo ha quedado circunscrito al ámbito personal, a la soledad querida o sufrida a consecuencia de lo que se hace o se ha hecho por uno mismo.

El diputado Gabriel Rufián ha querido unir a la izquierda más allá del PSOE para hacerla más eficaz y más útil en las elecciones generales del 29-N. Los críticos le han acusado de querer y practicar un protagonismo que todavía no tiene pero al cual aspira. La manera de hacerlo le ha llevado a demostrar con hechos que en realidad es contrario a lo que dice y practica. La prueba es la situación política actual a la izquierda del PSOE, donde hay disgregación y dispersión más que convergencia y coincidencia.

La pregunta, sin embargo, es bien sencilla, ahora que sabemos que Podemos y ERC irán juntos por su cuenta: ¿qué esperan conseguir estos dos partidos –aparte de dejar colgado al frente de izquierdas– si practican la disgregación y el autismo, que es la política contraria a la que predican, la coincidencia y la colaboración? ¿Cuántos diputados espera conseguir ERC en Cataluña? ¿Los mismos que ya tienen? ¿Y, en España, Podemos? ¿Cuál sería la razón para que no fuera así? ¿Proximidad ideológica, coincidencia de objetivos? ¿El hecho de que Podemos no se presente en Cataluña marcará la diferencia? Es difícil, existe el riesgo de que parte de los votantes de Podemos vayan a la abstención en Cataluña y a Esquerra le pase lo mismo con todos aquellos que reivindican la independencia de Cataluña como primera prioridad. Para ERC, en la legislatura que ahora termina, la nueva ley de financiación autonómica era la prioridad, y ahora un partido que se opuso a ella, Podemos, es su compañero electoral. La falta de coherencia tendrá un coste electoral, aunque se quiera esconder. Los votantes tienen memoria; poca, pero la tienen.

Gustavo Dudamel, director de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, está realizando una gira europea con esta orquesta y el Orfeó Català: París, Barcelona, Madrid, Hamburgo y Berlín. Tuve la suerte, en París, de poder hablar con él. Le pregunté por qué hacía una gira con una orquesta americana por Europa. En sus palabras, la razón es acercar a EE. UU. y Europa. Cuando las personas colaboran y trabajan juntas, se producen aproximaciones que son útiles, porque todos lo hacen desde su lugar y con su ideología, pero compartiendo objetivos comunes. No hay una negación de lo propio, pero sí un acercamiento que permite el diálogo desde el respeto.

“Los músicos se funden en una comunidad sonora gracias al respeto mutuo e incondicional. Solo así puede haber armonía entre ellos. Nadie lucha por el respeto. Nadie se siente ofendido o humillado por una falta de respeto. Los músicos no actúan los unos contra los otros, sino que todos tocan, los unos con los otros, para hacer música. Están unidos por un sentido comunitario”, dice Byung-Chul Han. Para que esto funcione hace falta una formalidad que genere una distancia en la que no todo pueda suceder, y en la que no respetar este principio suponga una pérdida objetiva y visible de valor. La música es un buen vehículo. Sin músicos no hay música. Por eso esta política tiene sentido.

Un proyecto similar fue inventado y practicado hace años por el maestro Daniel Barenboim con las comunidades judía y palestina. Funcionó mientras él lo lideró. Se debe pedir a Dudamel que no lo deje correr, porque es un activo sólido que tendrá efectos positivos si se mantiene... y todos lo necesitamos.

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