James Bond y el sanchismo

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James Bond y el Sanchismo
10/10/2026 - 19:34 h
Directora del ARA

La política española tiene etapas de un alboroto inigualable. Estos días la aceleración ha llegado a un grado de excitación que hace temer por la salud coronaria de gobiernos, políticos, propagandistas y ciudadanos creyentes en general. Intentando comprender el mundo que nos rodea en plena aceleración y una vez hemos agotado las citas al cínico de Maquiavelo, el bienaventurado de Rousseau, el provocador de Nietzsche y la valiente de Arendt, ya solo nos queda entregarnos a la sabiduría de James Bond. La política responde hoy al “shaken, not stirred” (agitado, no removido) de un enésimo Martini que sabemos que no puede acabar bien.

Pedro Sánchez ha convocado elecciones aprovechando que el foco de la atención pública –cada vez más corta y más codiciada– abandonaba la crisis migratoria de Ceuta. Del desastre humanitario, con consecuencias diplomáticas, se pasaba con la misma intensidad emocional pública al desahucio de una señora de 87 años por dejadez de los servicios sociales de Madrid, sumada a la codicia de los fondos buitre y la incapacidad de las administraciones de trabajar de manera coordinada y determinada para dejar de externalizar a los particulares el drama del acceso a la vivienda.

En Cataluña y Barcelona, uno de los lugares donde la conciencia del drama es más grande, hace años que se implementan políticas públicas que contienen los precios, compran viviendas y construyen, pero sin conseguir sumar el nivel de oferta imprescindible para adaptarse a la velocidad de los cambios demográficos.

Si se presiona mucho a los propietarios, los pisos se ponen a la venta y siempre hay alguien dispuesto a pagar más por vivir en la ciudad de moda. Si no se facilita la burocracia relacionada con la construcción de vivienda pública y privada, la oferta sigue siendo insuficiente.

La muerte de Maricarmen Abascal o el suicidio de Olga Matute ha puesto rostro al drama de cientos de miles de personas que se consumen de angustia por quedarse a la intemperie. La reacción de Sánchez ha sido de un oportunismo político remarcable, abandonando el marco de la inmigración y Ceuta para hablar de derechos sociales y poner en evidencia la falta de empatía de PP, Vox y Junts. Sánchez ha señalado la crueldad y las formaciones de izquierdas se han sumado con una gran virulencia. Las urnas dirán si Sánchez ha acertado. Todo está lo suficientemente agitado para no poder hacer previsiones serias. Pero el centro se va abandonando en una sociedad cada vez más polarizada donde la derecha se deja marcar el paso por la extrema derecha y los socialistas se dejan marcar el paso por una extrema izquierda que ha quedado desbordada en las calles de Madrid.

Sánchez, el gran camaleón, se ha adaptado a los colores del paisaje una vez más. El hombre que llegó al liderazgo del PSOE desafiando a los elementos y que empezó flirteando con Rivera para acabar abrazado a Pablo Iglesias quiere hoy una mayoría suficiente para “doblegar a las élites”. Las mismas élites a las que atribuye el voto de la derecha contra el primer decreto de vivienda, porque el segundo decreto ya se diseñó como una carta imposible a los Reyes Magos.

Pragmático como nadie, Sánchez comenzó la legislatura comprando la propuesta de Miquel Iceta de impulsar la amnistía de los líderes independentistas, y ha cumplido. En política no sirve de nada valorar la sinceridad o la buena fe de las acciones sino destacar que ha cumplido su palabra. Carles Puigdemont podrá volver a Cataluña, donde le espera la oficina de expresidente y un escaño de líder de la oposición en el Parlament, pero con la convocatoria y la campaña electoral se le complica hacerlo con la solemnidad y el ceremonial previstos. Miriam Nogueras es la candidata indiscutible al Congreso y ha votado con nula empatía, pero en nombre de pequeños y grandes propietarios y del sector financiero, en un país donde la vivienda era una forma de ahorro. El voto de Junts ha llevado a Sánchez a terminar una legislatura donde todavía se podía aprobar la condonación de deuda del FLA. Junts se ahorrará votar sobre un sistema de financiación insuficiente, aunque posible e imprescindible, pero que habría dado un éxito a sus adversarios principales: el PSC y ERC. Oriol Junqueras no se ahorrará la conversación incómoda que ha pospuesto esperando que Gabriel Rufián bajara él solito de la atalaya donde se ha situado por su capacidad comunicativa y de flirteo con las izquierdas españolas y con la cual espera hacerse un grupo parlamentario a medida.

El PP se presenta a las elecciones con las cosas claras y la maquinaria propagandística con ánimo de revancha. Los acuerdos con la extrema derecha aclaran sus objetivos políticos y la virulencia del debate augura un ambiente difícil de respirar. Si alguien en Madrid se piensa que pueden volver los tiempos de los acuerdos del PP con Convergència y el PNB es que no toca con los pies en el suelo. Vox será radiactivo.

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