Un mal guardia urbano
El Ayuntamiento de Barcelona ha hecho lo que debía hacer suspendiendo de sueldo y empleo al agente de la Guardia Urbana que, cuando una persona le pidió que le hablara en catalán, le respondió: “Es muy de fascistas obligar a la gente a hablar en lo que no quiere”. Y todavía añadió: “En uso de la libertad, hablamos como queremos. Igual que usted, que habla como quiere y nadie le dice en qué idioma ha de hablar”. Y remata con un autoritario “¿De acuerdo?”
El agente, aparte de ser un maleducado y, por tanto, un mal policía, se construyó unos argumentos a medida. Un guardia urbano está sujeto a unas obligaciones, y la suya era hablarle en catalán si la persona se lo pedía. Precisamente un policía es el primero que debe saber que el uso de la libertad significa el uso de unas normas, y entre las normas que él debía seguir estaba la de realizar la primera interacción verbal en catalán.
Para el agente, la fascista era la ciudadana. Orwell puro. Fue el fascismo el que nos obligó a hablar en castellano y, todavía hoy, agentes de la Policía Nacional o la Guardia Civil te pueden humillar y llegan a multarte si te atreves a dirigirte a ellos en catalán.
Lo más intolerable es que esto pase 50 años después del inicio de la normalización oficial del catalán. Es pertinente preguntarse con qué educación sobre usos lingüísticos salen de la academia de policía los aspirantes a vestir un uniforme y portar un arma en Cataluña, y los que son destinados a Cataluña. ¿Cómo puede ser que pedir que hable en catalán en Cataluña “sea muy de fascistas”? Y lo mismo vale para todos los funcionarios.
El guardia urbano en cuestión hizo un “estamos en España” de manual. Porque cuando sabes que tienes detrás al papá Estado español te sientes muy valiente. Y espérate cómo se sentirán si Vox acaba gobernando España de la mano del PP.