Micromachismos de cada día

1. Si hoy somos el lunes 9 de marzo significa que falta un año para que vuelva a ser el Día internacional de las Mujeres. Me pregunto cómo llegaremos, en 2027, si a escala local o global se siguen dando tantos pasos atrás ya tantísima velocidad. La igualdad –si es igualdad, debe ser sin matices ni notas a pie de página– todavía quedaba lejos y, de repente, la regresión es más que una amenaza palpable. Es una constatación fehaciente, agria y diaria que los logros conseguidos están en peligro. La ola de extrema derecha que azota el mundo y el fundamentalismo habitual en religiones ancladas hace muchos siglos se afanan por volver a someter a la mujer hasta unos límites que parecían superados. La irrelevancia, la dependencia, la complementariedad convertida en inferioridad, la boca pequeña y la opina, pero no mucho son las nuevas condenas sociales. Es lo que tan sabiamente decía Katherine Graham, la editora del Washington Post, cuando su marido la hacía sentir a todas horas como si fuera la cola de una estrella. El núcleo del cometa que brillaba, claro, era él. Siempre él y sólo él.

2. En una de las manifestaciones de ayer en Barcelona, ​​la diputada Jéssica Albiach pedía, frente a los periodistas, que la extrema derecha deje de utilizar el feminismo y los derechos de las mujeres como pretexto para iniciar guerras. Tiene razón. En la última semana hemos oído cómo se utilizaba el discurso sobre la liberación de las mujeres iraníes como uno de los argumentos para justificar la guerra en Oriente Medio. No hace falta ir tan lejos. En España, el feminismo y lo que la derecha llama "falsos privilegios" de las mujeres por culpa de las políticas de igualdad, han servido a Vox y compañía para crecer y difundir sus postulados. Hace llorar que el antifeminismo dé votos, así como da su discurso contra la inmigración o la catalanofobia sin tapujos. Todo es bastante triste, demasiado peligroso y de consecuencias devastadoras. ¿Quién, con dos dedos de cultura y uno de sentido común, puede pensar que la mitad de la población mundial es superior y tiene más derechos que la otra?

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3. Esta misma semana, Óscar López, el ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, ha advertido que "viene una ola machista brutal en los institutos". Ya ha llegado tarde, en su vaticinio. Esta ola ya nos está pasando por encima de cómo demostraba el dossier de este domingo del ARA. El algoritmo también discrimina. Las redes, buscadores y aplicaciones dan información basadas en datos sesgados, en los que las mujeres –desprotegidas– no salen bien paradas. Los sistemas de inteligencia artificial reproducen y amplifican los estereotipos de género. Y todo suma. Mejor dicho, todo permanece mientras la machosfera hace negocio. El ministro alerta de que "hoy, el frente de batalla es digital" por la gran cantidad de horas que los adolescentes navegan por las redes sociales. Y muchas de estas plataformas, por no decir todas, premian los contenidos misóginos, machistas o humillantes para las mujeres. Pongamos que Pedro Sánchez lo logra a la hora de prohibir las redes a menores de 16 años. De acuerdo. ¿Y después de los 16 hasta los 102 años que hacemos con los micromachismos nuestros de cada día?

4. El paternalismo, el mansplaining, una desautorización, un chiste, una florecilla, el comentario de un peinado a menudo no se perciben como machistas porque no hay mala intención, porque son sutiles y porque –este es el tuétano– están muy normalizados culturalmente. Por eso se les llama micromachismos, porque parecen inocuos pero no lo son. Y que levante el dedo el lector del ARA que nunca haya sido, en los últimos tiempos, con un grupo de hombres en el que alguien ha bromeado machista y otro ha dicho: "Aprovechamos ahora que ellas no nos sienten". Y casi siempre todos reímos la gracia de una manera cómplice sin que nadie de nosotros diga: "Eh, tú, has sido muy desafortunado". ¿Sí o no?