"Muera la inteligencia" y las elecciones de Brasil

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El candidato brasileño Flávio Bolsonaro asistía esta semana a la ceremonia de graduación de los reclutas de la Policía Militar de Río de Janeiro.
23/10/2026 - 18:01 h
Profesora de literatura portuguesa y brasileña en la UB. Investigadora de ADHUC

De las muchas posibilidades de análisis que ofrecen las elecciones de Brasil del 24 de octubre hay una que, quizás porque me toca de cerca, me interesa y me horroriza particularmente: el antiintelectualismo del partido de Flávio Bolsonaro.

El antiintelectualismo se asocia históricamente al pensamiento religioso y a los totalitarismos. Si solo hay una verdad, solo puede haber un libro que la contiene, todos los demás sobran, y por tanto las instituciones que los custodian –universidades, escuelas, ateneos, bibliotecas– son sospechosas. Douglas Hofstadter, en su libro Antiintelectualismo en la vida estadounidense –de 1963, pero que mantiene toda su vigencia– lo dejó bien claro: desde el periodo colonial, dominado por la fe evangélica de los puritanos, los libros en los EE. UU. han estorbado. Por otra parte, cuando vemos las fotografías de la quema de libros de 1933 en Berlín, donde fueron reducidos a cenizas cerca de 20.000 volúmenes, nos recorren escalofríos porque vemos en ellos la encarnación de la distopía, un mundo sin libros, sin pensamiento crítico, sin la libertad individual de leer y pensar. Los ataques estalinistas a los intelectuales, el destierro de Mijaíl Bajtín, por ejemplo, y las purgas en las universidades, son, como explicó muy bien Hannah Arendt, la otra cara de la misma moneda.

La aportación peninsular a la triste historia del antiintelectualismo es larga. La podemos ejemplificar en el grotesco episodio (en el sentido más estricto del término, un esperpento trágico salido de la caverna) protagonizado en Salamanca por el general de la legión José Millán-Astray el 12 de octubre de 1936 durante la ceremonia de inauguración del curso del primer año de la guerra. Es bien sabido que el discurso del rector Miguel de Unamuno fue interrumpido por gritos desaforados de Millán-Astray y sus legionarios. Aunque no hay un registro exacto de lo que pasó y circulan versiones diferentes, una de las más extendidas afirma que resonaron en la sala dos bramidos terribles: “Viva la muerte” y “Muera la inteligencia”, cosa que enfureció a Unamuno, que consideraba que la universidad, un “templo del saber”, no podía ser mancillado por aquel grito sacrílego.

Volviendo a Brasil, el gobierno de Jair Bolsonaro, padre y referente ideológico del actual candidato, se caracterizó por una guerra constante contra las universidades y contra la cultura en general. Entre 2019 y 2022 se hicieron recortes de un 14,4% en los presupuestos de las universidades federales, aquellas que dependen del gobierno central. Las inversiones en libros, obras y equipamientos y los programas de becas quedaron muy tocados. Por otra parte, los profesores considerados “desafectos” fueron acosados, amenazados y algunos despedidos. Los ataques de Bolsonaro y de su ministro de Educación Abraham Weintraub a las universidades se centraron en aquellas áreas de conocimiento que consideraban “no productivas”, y de manera muy especial atacaron la sociología y la filosofía, a las cuales acusaban de fomentar el “marxismo cultural” y la “ideología de género”. Recordemos que Judith Butler ya sufrió en 2017 un incidente con un grupo de exaltados bolsonaristas en el aeropuerto de São Paulo, donde había participado en un seminario. No olvidemos tampoco el vínculo poderosísimo que existe entre el bolsonarismo y los movimientos evangélicos ultraconservadores. Una vez más religión y antiintelectualismo van de la mano.

Cabe recordar también que durante aquellos años se controlaron con mano de hierro las actividades de los institutos de cultura (como el Ramon Llull o el Cervantes) que el gobierno brasileño tiene en muchos lugares del mundo, entre ellos Barcelona. La programación cultural de estos centros y los profesores y artistas brasileños que eran invitados debían tener el visto bueno del gobierno federal, y en diversas ocasiones este visto bueno no llegó y la actividad se canceló. No es extraño, pues, que la inmensa mayoría de los artistas y escritores brasileños, como Caetano Veloso, Chico Buarque, Gilberto Gil y el gran escritor Raduan Nassar, entre tantos otros, hayan hecho campaña pública a favor de Lula. Paulo Coelho, que en el año 2022 se manifestó públicamente a favor, aunque después afirmó que se arrepentía, esta vez no se ha pronunciado.

El domingo se celebra la segunda vuelta de las elecciones. Las últimas encuestas dan casi un empate técnico que puede decantarse hacia cualquiera de los dos lados. Por si acaso gana Bolsonaro, cierro con la otra frase famosa de Unamuno, quizás también apócrifa: “Venceréis pero no convenceréis”.

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