Muere 'Novaya Gazeta', gana la tiranía
Novaya Gazeta [El nuevo periódico] apareció en 1993. Quien puso el dinero fue el ya expresidente Mijaíl Gorbachov: invirtió en la empresa el millón de dólares que había recibido, en 1990, con el premio Nobel de la Paz. La Unión Soviética había desaparecido. Millones de rusos pasaban hambre a causa de la “perestroika”, la reforma económica impulsada por el propio Gorbachov.
Pese a todo, aún parecía posible que Rusia se convirtiera en una democracia. Fue un espejismo. La liberalización impulsada por Gorbachov y llevada al extremo por Boris Yeltsin, el presidente y “hombre fuerte” surgido del intento de golpe militar en 1991, causó el caos en la industria e hizo nacer una casta de oligarcas inmensamente ricos que acapararon las empresas privatizadas. Fue la década en que Estados Unidos y la Unión Europea, a través de bancos y especuladores, contribuyeron activamente al saqueo.
La corrupción inundó la sociedad rusa, desde arriba hasta abajo. Y ahí estaba Novaya Gazeta, con una pequeña redacción de periodistas formados en la era soviética, y, por tanto, con serias carencias profesionales, pero con la voluntad de informar sobre los desastres que afligían al país más grande del planeta.
Hubo errores graves, incluso cuando la redacción ganó en experiencia. En 2004 el diario acusó a Sergey Kiriyenko (actual administrador de los territorios ocupados en Ucrania) de robar casi 5.000 millones de dólares durante sus cinco meses de mandato como primer ministro en 1998. La acusación se basaba en una carta atribuida a parlamentarios estadounidenses que resultó ser falsa.
El Kremlin no se ensañó con Novaya Gazeta. Vladimir Putin odiaba el periódico, que durante ese año publicó crónicas de su reportera Anna Politkovskaya sobre las atrocidades cometidas en Chechenia por el ejército ruso. Prefirió, sin embargo, evitar de momento que se cerrara Novaya Gazeta mediante indemnizaciones multimillonarias: la existencia de ese medio libre le permitía argumentar que en Rusia existía la libertad.
Putin y sus sicarios se centraron en Politkovskaya: un grupo de soldados la sometió a un fusilamiento simulado, poco después fue envenenada y finalmente fue asesinada a tiros en 2006.
El organizador del crimen, reclutado y pagado por desconocidos (cabe imaginar el nombre del principal “desconocido”) fue el policía Sergei Jadzhikurbánov, ayudado por mercenarios chechenos. Todos fueron condenados a prisión. Jadzhikurbánov recibió un indulto presidencial en 2003, como recompensa por haber servido seis meses con el ejército ruso en Ucrania.
Politkovskaya no fue la única periodista de Novaya Gazeta que pagó con la vida sus críticas a Putin y la oligarquía rusa. También fueron asesinados otros cinco de sus compañeros. El periódico mantuvo en alto la bandera de la información libre (su director, Dimitri Muratov, recibió en 2021 el premio Nobel de la Paz) hasta 2022, cuando la guerra encubierta de Rusia contra Ucrania se convirtió en una invasión formal.
Los contenidos de Novaya Gazeta empezaron a ser sistemáticamente censurados. El gobierno revocó la licencia de publicación. Su edición digital fue bloqueada para que no pudiera leerse dentro de Rusia. El 28 de marzo de 2022, un mes después del inicio de la invasión, Muratov anunció la suspensión de sus dos ediciones rusas, digital y en papel, “hasta el fin de la operación militar especial”. “No podemos informar sobre los eventos más críticos y trágicos de nuestro tiempo”, lamentó un artículo editorial.
Aquella “operación militar especial” que se preveía rápida y fulminante fue un fracaso. Ucrania resistió. La guerra no iba a terminar en un futuro previsible.
El 6 de mayo de 2022 se lanzaron desde Letonia las ediciones en papel y digital de Novaya Gazeta Europe para escapar de la censura y las penas de cárcel por “desacreditar al ejército ruso”. En 2023, la Fiscalía General de Rusia calificó el periódico de “organización indeseable”.
Este año, 2026, la persecución se ha hecho insoportable. En abril, la policía registró las oficinas. En septiembre el Ministerio de Justicia incluyó el periódico en la lista de “agentes extranjeros” y le prohibió operar con bancos, lo que le impedía recibir donativos. En octubre fue clausurada la sede de Novaya Gazeta. Uno de sus editores, Oleg Roldugin, permanece bajo arresto a la espera de juicio por “uso delictivo de datos personales”; puede recibir una condena de hasta diez años de cárcel.
Imposible seguir. Novaya Gazeta cerrará definitivamente mañana, 9 de noviembre de 2026. Mantendrá su edición europea, pero sus periodistas no podrán trabajar en el interior de Rusia. Como El Faro de El Salvador, se convertirá en un periódico en el exilio.