Jose Mourinho, entrenador del Real Madrid
21/09/2026 - 21:35 h.
Periodista
2 min

La rabieta que está haciendo el Madrid con los árbitros es el ejercicio de cinismo más apoteósico que se ha visto en los últimos tiempos futbolísticos. Son la encarnación futbolera de la España eterna, el señorío hecho camiseta, el Cid Campeador que marca goles de la victoria en el minuto noventa y tantos. Conceden las entrevistas con las 15 Copas de Europa detrás, tienen más Ligas que nadie y un presidente que es un poder fáctico del Ibex que quita y pone periodistas. Por tener, incluso tienen la corona presidiendo el escudo. Lo tienen todo a favor. Siempre lo han tenido todo a favor (me estrené en el Camp Nou con Guruceta). Y en cambio, su canal de TV afirma que “lo único que falta es una circular que permita a los rivales del Madrid salir al campo armados con revólveres”.

Es la monumental cortina de humo que hace falta para tapar que el equipo lleva dos años sin ganar nada, que la única vez que intentaron tener un proyecto (con Xabi Alonso) se lo cargaron, que con Mourinho continúan sin jugar a nada, que la plantilla está mal hecha, que el madrileño Rodri prefirió fichar por el Barça y que, tal como demuestran los seis puntos en siete partidos de la clasificación, la comparación con el juego y los goles del Barça es insoportable.

Visto desde Cataluña, tiene un componente delicioso de ciencia ficción: el Madrid es la víctima y el Barça es el dueño que mueve los hilos de una conjura para no dejarles competir, en la que participa todo el mundo (incluyendo a los que reciben a los azulgrana gritando “¡P... Barça, p... Cataluña!” y a los que se ponen la mano en la porra en cuanto ven una estelada). Sería fantástico que la política catalana, algún día, también fuera capaz de llevarnos a este mundo al revés.

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