La noche americana

Ya es un hecho que si alguien puede hacer que Europa recupere la confianza en sí misma es Donald Trump. Qué gran elogio el que ayer nos dedicó Pete Hegseth: "En lugar de tanques y defensas aéreas, el foco se ha puesto en la igualdad de género, el cambio climático y la austeridad en la defensa".

Gracias, señor secretario de la Guerra. Si es así como nos ven, ustedes tienen una imagen de nosotros muy favorecida. La igualdad de género es un derecho humano básico y en la adaptación al cambio climático nos va la vida, también la de usted y la de sus hijos. Incluso se les podría replicar que, en efecto, el estado del bienestar es una seña de identidad europea, no como los Estados Unidos, que en lugar de una sanidad pública universal o la reducción de los homicidios por armas de fuego el foco se ha puesto en tanques y misiles, que, por cierto, no les han servido para ganar ni en Afganistán ni en Irán, por no hablar de Vietnam. Más aún: en los Estados Unidos se gasta mucho más por persona en salud que en los países europeos y, en cambio, obtienen unos resultados mucho peores en esperanza de vida y mortalidad infantil. Y sí, nos pasan la mano por la cara en productividad pero no en reducción de la pobreza. Y, por cierto, casi la mitad del armamento que compramos en Europa se lo compramos a ustedes.

Cargando
No hay anuncios

Europa no es ningún paraíso, se ha dormido sobre los laureles y ha externalizado buena parte de la defensa, pero el problema no es el que señala Hegseth, sino más bien todo lo contrario: que Europa quiera ser menos Europa. Y una última consideración: no he olvidado los comentarios de envidia de mis amigos y conocidos americanos cuando les hablaba de nuestro estado del bienestar, los mismos que ahora me piden disculpas por tener un presidente y un gobierno tan impresentables, como tuvimos ocasión de comprobar hace unos días con la sangrienta velada de lucha libre en los jardines de la Casa Blanca para celebrar el aniversario del emperador, como si aquello fuera un circo romano.