Organización de las Naciones Desunidas

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El presidente de los EE. UU., Donald Trump, después de intervenir ante la Asamblea General de las Naciones Unidas
25/09/2026 - 18:03 h
Periodista y escritor
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1. He aquí una redundancia. Durante tres días, Nueva York ha sido la capital del mundo. La Asamblea General de la ONU ha escenificado, a golpe de discurso de los principales jefes de estado o de gobierno, cómo está de enrevesado el planeta. Detrás del atril, y demasiado pendientes de leer el teleprompter de metacrilato, todo el mundo suelta su parrafada. Cada cabecilla dice lo que cree que su público quiere oír, la mayoría habla en nombre de los intereses exclusivos de su propio país y algunos ingenuos europeos van con el lirio en la mano clamando, todavía, por la diplomacia, el derecho internacional y el multilateralismo como única salida posible a todos los males, que no son pocos. Se ha hablado de la guerra de Irán, de la de Ucrania, de la de Gaza o de la de Sudán. Y Javier Milei, a lo suyo como todo Cristo, todavía reivindica las Malvinas como “una causa nacional”. De paso, el presidente de Argentina se caga en la ONU... pero estaba allí.

2. Esta es la gracia. Ni que sea para decirse de todo, o para asegurar que la Organización de las Naciones Unidas sirve para muy poco, la realidad es que allí había hasta 130 líderes mundiales. Que en un momento de guerras simultáneas y de fortísima tensión internacional se aborden todos los conflictos sin filtros nos demuestra —qué pequeño consuelo— que todavía hay un espacio donde todo el mundo se puede sentar el uno cerca del otro. Aunque el boicot de numerosas delegaciones que salieron de la sala para no escuchar el discurso de Netanyahu demuestre cómo está de polarizada la Asamblea. La imagen hablaba por sí sola. Aunque Trump amenace con aniquilar a Irán y que Pezeshkian responda que están dispuestos a dialogar pero no a capitular ante los países que se saltan las leyes internacionales, se habla del conflicto. Y es lógico pensar que, tras las cámaras, en salas menos solemnes y con más privacidad, la cumbre de Nueva York sirve para mantener abiertos los canales diplomáticos que permitan contactos paralelos, más discretos pero menos duros que los discursos públicos.

3. Una vez clausurada la Asamblea, la constatación es que cada vez tenemos una ONU más dividida. Se te cae el alma a los pies cuando te das cuenta de que, en el momento en que la ONU sería más necesaria que nunca, parece que tenga menos capacidad que en ningún otro momento histórico para resolver los conflictos. Esta es la crítica más aguda. Demasiados discursos y poca capacidad de acción. Buenas intenciones pero sin ninguna capacidad de aplicación. Ya sabíamos, desde hace tiempo, que su Consejo de Seguridad continúa bloqueando las cuestiones importantes de verdad porque las cinco potencias con derecho de veto (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia) votan, siempre, a favor de su interés particular. Por tanto, la distancia entre aquello que proclama la ONU, de buena fe, y lo que ocurre sobre el terreno es enorme. Gaza es, probablemente, el ejemplo más diáfano. Emmanuel Macron, que hizo un discurso de gran altura, hizo una pregunta en voz alta que debería hacer pensar: ¿qué valor tiene hablar de paz si no se consigue ni siquiera garantizar el acceso humanitario?

4. La crítica de fondo es todavía más interesante. La ONU puede estar reflejando el mundo actual de una manera fiel, pero, en cambio, es incapaz de gobernarlo. Desdichada contradicción. Unas Naciones Unidas más desunidas que nunca. Una ONU imprescindible pero impotente, que ve cómo las grandes potencias hacen la guerra al margen de sus reglas. Y la Asamblea, atada de pies y manos, no puede hacer nada para detener a los Trumps de turno que, cegados por el poder absoluto, tiran por la calle de en medio, se saltan las normas internacionales y van a la suya a golpe de impulso, sin criterio ni control. Qué lejos queda el deseo de Eleanor Roosevelt de que la ONU fuera “la casa común donde las naciones resuelvan sus diferencias antes de que las resuelvan las armas”.

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