Orriols devora Junts, Illa no ilusiona
Comencemos por los grandes titulares que nos ha dejado el último barómetro del Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat, que confirma tendencias ya conocidas en nuestro panorama político. Aliança Catalana se sitúa como tercera fuerza –en empate técnico con la segunda, ERC– en el Parlament, gracias a los votos que marchan de Junts per Catalunya, que acusa una debilidad insospechada. Mientras tanto, el PSC, a pesar de acumular muchísimo poder, no solo no avanza, sino que retrocede. Todo esto coincide, por ejemplo, con la encuesta publicada por este diario el pasado mes de mayo, aunque entonces el ascenso de Sílvia Orriols no era tan acentuado como ahora.Antes de continuar, conviene señalar que las encuestas son solo una instantánea, el reflejo de un momento concreto de una realidad –en este caso, la realidad política– que se encuentra en evolución constante. Al poco tiempo de haberse hecho la fotografía, la situación ya ha variado y es otra. A este respecto, hay que recordar que nos encontramos en julio de 2026 y las elecciones catalanas se celebrarán, si no se adelantan, la primavera de 2028. Falta mucho tiempo. De aquí a allá tienen que pasar muchas cosas, previstas e imprevistas. Por ejemplo, es muy posible que el año que viene tengamos en Madrid un gobierno PP-Vox, y también hay que esperar que la amnistía se haya hecho efectiva del todo y Carles Puigdemont haya vuelto a Cataluña. No obstante, los sondeos nos sirven para poder hacernos cargo y entender mejor la situación en la que nos encontramos.Los grandes protagonistas hoy son, sin duda, Sílvia Orriols y su partido. Nunca se había visto, desde la recuperación de la democracia, una subida tan rápida y rotunda. Aliança está recibiendo el apoyo de mucha gente que había votado Junts. También toma votantes a Vox. Está clarísimo que el gran reclamo de los de Orriols es el llamamiento contra la inmigración, especialmente contra la inmigración musulmana. Este hecho debería servir a todos para darse cuenta de que hay que abordar la cuestión migratoria, guste o no. No se puede dejar que se la hagan suya y la capitalicen ni Aliança ni Vox. Que estos dos partidos tengan una intención de voto estimada de prácticamente el 25% nos indica que la inmigración –en el volumen que ha recibido Cataluña– es percibida como un problema por muchos ciudadanos. Es una preocupación importante. Si no queremos que las recetas deshumanizadoras y a menudo imposibles de la extrema derecha continúen avanzando, el resto de fuerzas deben afrontar el fenómeno de cara, deben propiciar un debate honesto y deben hacer propuestas realistas –las autonomías tienen pocas competencias en esta materia– y sensatas. Esconder la cabeza bajo el ala y hacer ver que no pasa nada nos aboca a un escenario desastroso.
En cuanto a Junts, hay que decir que sus adversidades no las causa solo Orriols. Junts sufre un problema claro de liderazgo, ya que tiene un referente totémico, Carles Puigdemont, que vive en el extranjero y, por tanto, ejerce obligatoriamente un liderazgo anómalo, descabezado, enrevesado. La desorientación estratégica y la imprecisión del proyecto también ayudan. En términos comunicativos, el tipo de oposición que Miriam Nogueras protagoniza en el Congreso –ámbito fundamental para la proyección del partido– es siempre ingeniosa, en negativo y poco constructiva. Esta dinámica está pasando factura a la marca Junts y, además de hacerles perder votos, los convierte en una víctima propiciatoria del discurso nuevo, simple y demagógico de Orriols. Junts –con graves dificultades también en la ciudad de Barcelona– debe reaccionar. ¿Pero cómo? No lo sé. Con todo, la reflexión debe ir más allá de Puigdemont. Su regreso, cuando se produzca, no solucionará mágicamente todos los males.Salvador Illa y el PSC, que además del gobierno de la Generalitat controlan casi todos los grandes ayuntamientos, no consiguen avanzar hacia su objetivo de construcción de una nueva hegemonía política en Cataluña. Más bien al revés. No despegan. Con el relato de pasar página del Procés y la “normalización” del país no basta. Tampoco con la promesa, cada día desmentida por la realidad, de una gestión modélicamente eficaz. El caos de Cercanías o las protestas de los maestros son tan solo dos ejemplos. El PSC, y esto seguramente es lo peor, no dispone de un proyecto atractivo, y se hace difícil imaginar que consiga ilusionar al país. Que el PSC actual sea tan sumiso –como nunca en la historia– al PSOE representa también un lastre muy notable, ya que alimenta la sensación de que quienes gobiernan Cataluña son solo unos masoveros dedicados a agradar al amo. Al margen de este poco empuje del gobierno de Illa, y a pesar de que, quizás, en el futuro, a los socialistas les hará falta también –pese a la recuperación de ERC– el apoyo de la CUP para completar una mayoría que los mantenga en el poder, lo cierto es que, en la práctica, la irrupción fulgurante de Aliança convierte en inviable una mayoría alternativa.