Patéticas izquierdas
Sin ideas, sin rumbo y cada vez más alejadas de la ciudadanía, las izquierdas a la izquierda de los socialistas dan un miserable espectáculo de impotencia y de ausencia de objetivos y de discurso, de manera que lo único que aflora son egos gastados que ya no arrastran a nadie, atrapados en el lodazal de la eterna y patética psicopatología de las pequeñas diferencias. No hay proyecto, solo hay peleas, y ni siquiera la emergencia del crecimiento sostenido de la extrema derecha sirve para hacer reaccionar al personal y situar la necesidad de frenar la deriva autoritaria por encima de la miserable dinámica del quítate tú para ponerme yo.
Hace años –y especialmente desde que los socialistas están en el poder– que estos grupos y grupúsculos, con sus hombrecillos, se tambalean. Y ni siquiera son capaces de captar las urgencias del momento, poniendo en primer plano –con propuestas y buscando complicidades– los problemas que atrapan a la ciudadanía: el coste de la vida, la vivienda, el estancamiento salarial, el endeudamiento, el colapso climático, el impacto de la inteligencia artificial y la desconfianza hacia los que mandan. Ante la falta de alternativas, una ciudadanía que se siente abandonada de la mano de Dios acaba escuchando al que más grita. El ascenso de la extrema derecha tiene que ver con el desconcierto y la claudicación de las izquierdas. Nombres quemados, que no quieren entender que les ha pasado la hora, que en su impotencia contribuyen eficazmente a que las clases populares se dejen arrastrar por el autoritarismo posdemocrático, descolocadas ante unas izquierdas atrapadas en la inutilidad de unos aspirantes, quemados en antiguas batallas, que ni lo saben ni contestan.
Cuando Vox, aprovechando el triste liderazgo de Feijóo, ya se ha subido a caballo del PP y la derecha va soltando sus pulsiones reaccionarias sin pizca de vergüenza y el PSOE lo apuesta todo a la melancolía del carisma de Sánchez, una izquierda deshilachada se va haciendo pequeña, ante unas elecciones que pueden ser trascendentales para conducir al país a la regresión democrática que día a día se expande en Europa. ¿Cuál es el problema? En el fondo, que acostumbrados a vivir de los tópicos de la extrema izquierda –muchas palabras y pocos hechos–, ahora se encuentran sin saber qué decir ante las profundas mutaciones actuales que han hecho disparar a las derechas. Y se ponen en patética evidencia