Plebiscito y desinformación

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Pedro Sánchez en una imagen reciente en el Congreso.
05/10/2026 - 17:11 h
Escritor

Pedro Sánchez apareció como un político de laboratorio construido en los talleres de Ferraz y propulsado a la primera línea política para pactar con Ciudadanos. Este plan inicial falló varias veces hasta que Sánchez se vio presidiendo un gobierno “con ministros de Podemos”, una situación que él había dicho que no quería porque “no le dejaría dormir”. De la misma manera, ha pasado de ser contrario a la amnistía de los independentistas catalanes a ser su principal valedor, etc. La hemeroteca de las contradicciones de lo que Sánchez había dicho es abundante.

Precisamente estas contradicciones, sin embargo, han ido dando grosor e interés a su figura, y le han llevado a enfrentarse con una parte importante del sistema de poder español, incluyendo al PSOE felipista. Algunas de las medidas que ha impulsado en estos ocho años, como legislar sobre la memoria democrática (es decir, sobre la reparación de las víctimas del fascismo español), eran de hecho asignaturas pendientes desde los tiempos de Felipe González, que no supo o pudo o se atrevió a poder aprobar en su momento. En cualquier caso Pedro Sánchez se ha convertido en una figura insólita en la democracia española por diversos motivos: entre otros, por haberse atrevido a gobernar con los apoyos de todos aquellos que no son herederos de los que ganaron la Guerra. De estos apoyos se han acabado descolgando definitivamente Junts, que han provocado la convocatoria de elecciones sin que sea fácil entender qué pueden haber ganado. No podrán evitar, mal que les pese, que se les alinee con PP y Vox, dos partidos en los que abundan los dirigentes (no digamos los militantes) partidarios de la ilegalización de Junts.

Como decíamos, Pedro Sánchez ha ido forjando a lo largo de los últimos ocho años esta figura que la mayoría de los votantes de izquierdas, hasta ahora, han percibido no como un líder providencial, sino como el único aliado viable. En su obsesión por derribarlo, los antes mencionados herederos de los ganadores de la Guerra han puesto en evidencia ante todos la existencia del lawfare y la destrucción de la separación de poderes, y ha quedado claro que una parte sustantiva de la justicia trabaja al servicio de los intereses políticos de la derecha y la ultraderecha. Sánchez también se ha ganado una valoración indiscutiblemente positiva entre los progresistas de todo el mundo, por los posicionamientos francamente dignos que ha tenido ante situaciones como el genocidio de Gaza o la guerra de Irán, mientras el PP era incapaz de oponerle nada que no fuera hacer seguidismo del paquidermo naranja trumpista. Ahora, Sánchez ha planteado unas elecciones que son un plebiscito sobre esta figura que ha construido y que le han construido, y es sincero cuando dice que por él no queda y que se ve gobernando hasta 2030 “y más allá”. La legislatura que ha terminado este lunes ha sido también la de la desinformación al servicio de los discursos del odio, impulsados nuevamente por derechas y ultraderechas. En los cincuenta y cuatro días hasta las elecciones, les oiremos y les veremos bramar con más furia que nunca.

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