Los preliminares de ir a reventar escaparates
Lo más nuevo de la violencia del sábado fue, según los Mossos, que los encapuchados no hicieron la clásica acción de esconderse en la cola de una manifestación de protesta organizada, sino que los convocaron en TikTok, se citaron por WhatsApp en grupos de no más de 15 o 20 jóvenes (a esto, en la jerga lo llaman “el embudo”), se plantaron en el centro de Barcelona y se pusieron a destrozar y saquear. Dicho en una palabra, los violentos empezaron a romper cristales saltándose los preliminares. Y la policía quedó sorprendida por la virulencia y el impacto.
Pero es que los preliminares ya son una cosa del pasado. En el mundo de las redes no hay previas. Se va de una cosa a otra sin planteamiento, nudo y desenlace, sin música de apertura ni títulos de crédito. El lunes empieza a circular un cartel de convocatoria, corren imágenes de Francia, unos colegas que quedan, testosterona, nada que perder y un botín que ganar.
Pero es que además, la sociedad ya hace tiempo que tiene los preliminares hechos: precariedad, falta de poder adquisitivo, desahucios, no-futuro... ya no hace falta gritar consignas para armarse de argumentos, primero, y acabar reventando escaparates después.
Hay más de 300 identificados y más de cien detenidos. Hay gente de todas partes y no todos responden, ni mucho menos, al cliché de el inmigrante subsidiado, que dice la extrema derecha. A la policía no le faltará información. A la vista de lo que había pasado en Francia y en Italia, le faltó anticipación.
La dinamita y la mecha están colocadas desde hace tiempo. Otra cosa es quién ha encendido esta mecha del sábado, y hasta hoy nadie se ha atrevido a afirmar que el vandalismo en Barcelona no fuera un ataque de falsa bandera, teniendo en cuenta quién se está frotando las manos. Cuidado, pues, con que la huelga general no se acabe volviendo en contra de quienes la convocan.