El presente como vértigo

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Equipos de emergencias trabajando en la colisión de los trenes en Urda, Toledo.
06/11/2026 - 18:09 h
Periodista y profesor de la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales Blanquerna (URL)

Hace días que me invade una aguda sensación de sobrecarga y vértigo irrefrenable. Pienso que no es una cosa solamente personal, individual, sino una sensación compartida con aquellos que poco o mucho tratan de seguir la actualidad con atención y un poco de cerca. Tampoco encuentro que sea una afección caprichosa. Aún más, diría que, si nos detenemos un momento a reflexionar sobre ello, nos daremos cuenta enseguida de que esta sensación mareadora y escapista que creo compartida presenta unas causas perfectamente reales.

Veámoslo. A finales de julio se produjo la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta (entre 70.000 y 80.000). Muchos otros murieron en el intento. Poco más de una semana después, el Tribunal Supremo tomaba la decisión de suspender cautelarmente el derecho de voto de una parte de las personas que consiguieron la nacionalidad española mediante la ley de memoria democrática. El 23 de septiembre se produjo en Madrid el desahucio de Maricarmen Abascal, anciana de 87 años, lo que desembocó en concentraciones y una acampada multitudinaria en la Puerta del Sol. Todavía en septiembre, el gobierno español intentó aprobar dos decretos dedicados al problema de la vivienda. El Congreso los rechazaba con los votos de PP, Vox, Junts per Catalunya y UPN. Es el viernes 2 de octubre. El lunes, Pedro Sánchez convoca –contradiciendo radicalmente lo que había dicho y repetido hasta entonces– elecciones anticipadas para el 29 de noviembre. El mismo lunes los sindicatos anuncian su intención de convocar una huelga general por la vivienda, una huelga inaudita, porque aparentemente va más contra la oposición que contra el gobierno. El miércoles 7 muere Maricarmen. El viernes de la semana siguiente, día 16, dimite la portavoz del PSOE, la ilerdense Montse Mínguez. El motivo de la dimisión son –justamente– los lucrativos negocios inmobiliarios de su marido. Sánchez, que había convocado elecciones animado por la previsión de que el asunto central sería la vivienda, modifica la orientación de la precampaña. Lo basará todo en su figura y en buscar la proximidad y la empatía del ciudadano. Así, por ejemplo, durante el comité federal del PSOE lanza una teatral declaración de amor a su mujer, Begoña Gómez, perseguida por la justicia: “Que lo escuchen alto y claro: te quiero”. Justo una semana después, el sábado 24 de octubre, la violencia y los saqueos toman el centro de Barcelona. Cuatro días más tarde se produce en Toledo la brutal colisión de un tren de alta velocidad de Renfe contra un tren de la compañía Iryo que estaba parado. Etcétera.

Los hechos sucintamente enumerados han tenido, cada uno, una fuerte repercusión política y social. En muchos casos, también más allá de las fronteras españolas. Pero quizás la característica más sorprendente es que se han producido en un periodo de tiempo —atención— de menos de tres meses, es decir, entre el 30 de julio y el 28 de octubre. De hecho, es posible que cuando estas líneas estén ante los ojos del lector se hayan consumado nuevas sacudidas.

Hace unos años, el futurista estadounidense Jamais Cascio acuñó el acrónimo BANI para describir nuestro presente: brittle (frágil, quebradizo), anxious (ansioso), non-linear (no lineal, en la que pequeños elementos pueden producir efectos gigantes y sorprendentes) e incomprehensible (incomprensible, indescrifrable). Captura bastante bien, me parece, lo que hemos vivido estos últimos tres meses. El filósofo Peter Sloterdijk, en Estrés y libertad (editorial Arcàdia), reflexiona también sobre nuestras sociedades contemporáneas. “A mi entender, hay que concebir los macrocuerpos políticos que llamamos sociedades en primer lugar como campos de fuerzas integrados por el estrés, más precisamente como sistemas de preocupaciones que se autoestresan y que se precipitan siempre hacia adelante”. Unas páginas después indica que la sociedad es “una comunidad de preocupaciones que entra en vibración en virtud de temas estresantes inducidos mediáticamente”. A los medios tradicionales debemos añadir ahora el poder explosivo y reconfigurador de las redes sociales y, cada vez más, de la IA generativa.

Como dice el autor alemán, una de las características de esta sociedad de la aceleración y la angustia perpetuas es la sensación de huida hacia adelante, la pesadilla —añado— de que nos dirigimos ineluctablemente hacia un futuro desconocido y a la vez oscuro y amenazante. Como si nos sostuviéramos precariamente sobre el lomo de un caballo desbocado, es decir, incontrolado e incontrolable. El estrés y la tensión insomnes no solo afectan a la esfera política: en realidad nos afectan a todos. Configuran un contexto neurótico, siempre al borde del trastorno, en el que la hipervelocidad y el torrente emocional apenas nos dejan pensar y nos condenan a la superficialidad. Se trata de un bucle que se alimenta a sí mismo, y que, como hemos empezado a ver en muchos países, puede tener graves consecuencias, incluso terribles.

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