Sí que tienen programa
El PP y su antilíder, Alberto Núñez Feijóo, han retomado la precampaña en un tono presidencialista, como de discurso de investidura, con el cual Feijóo espolvorea sus intervenciones en actos públicos y medios de comunicación. No es más que el viejo constructo doctrinal de la derecha española de toda la vida (patriotismo, reaccionarismo, rechazo a la diversidad, capitalismo sin topes disfrazado de liberalismo) injertado con el uranio empobrecido de los discursos de odio de las llamadas nuevas derechas. Tan nuevas que, en el caso de España, incorporan elementos tan innovadores como el legado ideológico del falangismo y la dictadura franquista, que reivindican sin tapujos.
Feijóo predica, así, la implantación de un visado por puntos que dé prioridad a la entrada de los inmigrantes que vengan a trabajar como mano de obra y que “conozcan mejor nuestra cultura y tengan mayor capacidad de integración”. Traducido, esto significa latinoamericanos sí, moros no. Es racismo en estado puro, revestido –claro está– de supremacismo lingüístico y cultural, no solo contra los inmigrantes sino también contra los millones que hablamos lenguas que no son el castellano. Porque cuando Feijóo habla de “quién conoce mejor nuestra cultura” no se refiere a otra cosa que a quién habla español. El resto no le importa, porque la cultura española (ya no digamos la catalana) ellos tampoco la conocen. “Nuestra cultura”, para la derecha nacionalista, es ser castellanohablante, y es también la voluntad obvia de hacer las cosas todavía más difíciles al catalán, el euskera y el gallego. Por lo demás, el visado por puntos es una propuesta que no hace tantos años el PP se habría abstenido de presentar, por miedo a ser tachado de racista. Se busca construir un modelo de sociedad vertical con ciudadanos de primera, segunda y tercera, con élites bien definidas, clases populares deterioradas y una amplia base de pobres o casi pobres fácilmente maleables, sin ascensor social ni expectativas.
Feijóo también apela a lo que, según él, define a su partido: experiencia, rigor y capacidad de gestión. En efecto, todos los que hemos conocido gobiernos del PP sabemos bien cómo funcionan su rigor, experiencia y gestión, que se basan fundamentalmente en el desmantelamiento de servicios públicos y la corrosión del estado del bienestar, en beneficio de grandes operadores económicos que (oh, casualidad) suelen ser cercanos al partido, o a Vox. Hace poco, José María Figaredo y Joan Garriga se reunieron con Fomento y el Círculo de Economía para explicar su programa económico, con gran satisfacción de los asistentes: minimizar o suprimir derechos laborales les pareció una idea excelente. En cuanto a la diversidad lingüística, la marquesa Cayetana Álvarez de Toledo, llamada a altas responsabilidades en un futurible ejecutivo PP-Vox, lo tiene claro: la primera medida debe ser suprimir el pinganillo del Congreso, instrumento de odio y quintaesencia del sanchismo. La enhorabuena a los que se entretienen con solemnes proclamas sobre no desear un gobierno de la derecha española pero tampoco lamentar la caída de Sánchez porque somos patriotas y bla, bla, bla.