Yo quiero hablar de fútbol

La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, el pasado 1 de enero en Madrid.
15/01/2026
Periodista
3 min

Debo confesar la envidia profunda que tengo a los aficionados al fútbol masculino. A los del fútbol femenino mucho menos, porque aunque ahora genere más interés no ocupa el mismo espacio. No nos engañemos. Los tengo envidia porque su entretenimiento, o su religión me atrevería a decir, ocupa muchos lugares destacados en las programaciones radiofónicas y televisivas, y sobre todo porque, cuando se convierte en alguna noticia que se considera relevante, se deja todo a un lado y se trata ese tema como si no pasara nada más en el mundo. Si no te interesa el fútbol, ​​no das crédito viendo la cantidad de tiempo que se puede invertir en discutir temas a los que tú no destinarías más de cero o un minuto. Pero lo que me da envidia es que en semanas como esta, llena de pésimas noticias para el mundo, o como la anterior, también rellena, los aficionados al fútbol sean capaces de abstraerse de esta realidad priorizando el hecho de que ha habido un cambio de entrenador o un buen resultado en un partido. Para los hiperventilados de turno, que nunca sé si acaban de entender lo que escribo, añado que ya sé que te puede gustar el fútbol y te puede preocupar la situación política mundial. Pero los futboleros tienen este cobijo donde todo lo que ocurre es importante aunque la relevancia sea discutible. Y no es por esnobismo que no me interese el fútbol. En otra época de mi vida lo utilicé como sedante. Pero me ocurre como con otras cosas que también he probado y no me han acabado de interesar, cómo ir a cazar setas o pasar el verano en la playa. Ahora bien, no estoy leyendo libros mientras los demás miran a un partido de fútbol. O no siempre, en cualquier caso. Es posible que mientras oigo los gritos de los aficionados esté viendo una mala serie o hablando de otros temas intrascendentes en la cocina.

A mí, que ya no me da la impresión sedante y no me preocupan ni los entrenadores ni los jugadores, solo sus peinados y tatuajes, lo que me inquieta es ver cómo mientras el Barça gana al Madrid, Trump hace promesas a la ciudadanía iraní; o cómo la extrema derecha se preocupa por las mujeres de Irán. Porque cuando un personaje como Trump ofrece algo y no lo coge él mismo significa que aún puede salirles más caro. Y cuando un personaje como Ayuso defiende a un presunto violador diciendo que "la Comunidad de Madrid nunca contribuirá al desprestigio de los artistas, y menos del cantante más universal de todos", y utiliza a las mujeres de Irán para atacar a la ultraizquierda, "las mujeres violadas y atacadas están ahí", el nivel es tan mezquino que no entiendo cómo no se hacen los debates que se hacen sobre el debate. Hay mujeres, sí, mujeres, machistas y fachas, que las hay, y muchas, que no tienen límites en ninguna parte y quizá ponen la mano en el fuego por alguien que las quemaría en una de sus mansiones. Ellas antes lo queman todo.

Pero lo que me ha dejado absolutamente intrigada es el concepto de ultraizquierda. No porque no lo entienda, sino porque no sé a quién se refiere. Si hubiera una ultraizquierda nos habríamos enterado. O es un neologismo de estos con los que ya me pierdo o la ultraizquierda ni sé dónde está ni quién la representa. Quizás la encontraría en los campos de fútbol, ​​porque tienen un sector ultra, pero se habla poco. Y mira que de fútbol se habla. Pero como la extrema derecha sí sabemos dónde está y quién la representa, agradecería que dejara en paz a las mujeres iraníes. Que suficiente trabajo tienen cada día jugándose la vida. Y de este juego se habla tan poco que lo olvidamos mientras nos pegan un gol tras otro.

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