Retorno melancólico

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Carles Puigdemont durante la rueda de prensa que ofreció el 6 de octubre de 2026 en Waterloo.
07/10/2026 - 15:33 h
Escritor

La amnistía total para los líderes y encausados del Procés es una excelente noticia que pone fin no ciertamente al conflicto político entre Cataluña y España, pero sí a uno de los episodios más oscuros de la actual etapa democrática española. La amnistía lo es para los que han sufrido persecución judicial, policial, política y mediática durante nueve años, pero es sobre todo una amnistía que el Estado español se concede a sí mismo, después de que sus poderes hayan incurrido en el crimen de lesa democracia de perseguir a ciudadanos por razones ideológicas. Pegar a ciudadanos en la vía pública, encarcelar a dirigentes cívicos y políticos o hacerles ir al exilio, criminalizar las ideas, es incompatible con la democracia, y sin embargo es exactamente eso lo que pasó en el Estado español en el año 2017 y siguientes. Si hubo un golpe de estado en España fue, como se ha dicho y repetido, el que empezó en el año 2010 con la sentencia del Tribunal Constitucional contra el Estatut y se dilató hasta este pasado lunes, cuando por fin se ha podido dar por cerrada la etapa de represión política contra el independentismo catalán. Un golpe de estado hecho desde el Estado y por parte de servidores del Estado, en todos los niveles de poder: desde la policía hasta la monarquía, pasando por los jueces y fiscales (Llarenas, Marchenas, Lamelas, Zaragozas, Madrigals) que han tomado parte activa en una larga y desgraciada historia de lawfare o guerra sucia judicial, pasando naturalmente por todos los responsables políticos que de alguna manera han impulsado o dado cobertura al despropósito. El Estado español se ha jugado su credibilidad democrática, ya de por sí bastante poco consistente, y llegó al punto de bajar a la categoría de democracia defectuosa (en lugar de la de democracia plena, donde se encuentra habitualmente) en el año 2021 en el Índice de Democracia de The Economist. Que ahora los responsables de todo esto salgan con completa impunidad no deja de ser injusto, y da un barniz efectivamente melancólico al momento de la aplicación de la amnistía.

También se lo da la decepcionante deriva, o involución, de una parte importante del independentismo a lo largo de estos nueve años. Con el fin de superar aquello que ellos llaman el lirio en la mano, el woke y el buenismo, muchos han decidido militar en lo que debe ser el malismo, que en la práctica es un repliegue (ellos lo llaman rearmamento, porque son muy aguerridos) que incluye xenofobia y discursos antiinmigración, supremacismo, clasismo, aporofobia, últimamente un pequeñopropietarismo confeccionado a medida, y también, en perspectiva internacional, el trumpismo y el sionismo favorables a un nuevo orden mundial que abarca desde genocidios hasta guerras ilegales o derrocamientos de gobiernos por la fuerza. Esto ha pasado dentro de una parte de Junts, que es el partido de Puigdemont, y también fuera de Junts, mientras la izquierda de ERC se transmutaba en partido de orden de la mano de los socialistas y la izquierda transformadora de la CUP simplemente desaparecía. Después de estos nueve años, cuando algunos dicen que lo volverán a hacer, cuesta saber a qué se refieren exactamente.

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