Trenes, que los grafiteros no rayen los nuevos logos
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Ferrocarrils de la Generalitat es una marca asociada a un buen servicio: generalmente puntual, limpio, moderno, con un mantenimiento constante de los trenes, las vías y las estaciones gracias a una inversión presupuestaria sostenida con independencia del partido que haya gobernado en la Generalitat. En los recintos de FGC uno está en Dinamarca por un rato.Ahora den la vuelta a todo lo que he escrito para describir la burla de servicio en la que la falta de inversión constante de los gobiernos españoles, con sus delirios de grandeza de la alta velocidad (que ahora tampoco saben cómo mantendrán), y la incapacidad gestora de Renfe y Adif han convertido Rodalies. Es verdad que la red de FGC tiene cuatro veces menos kilómetros que la de Rodalies, pero eso hace aún más sangrante el estado en el que funcionan –cuando funcionan– los trenes del Estado en nuestro país.En estas circunstancias, la unificación de las marcas es el menor de los problemas que tienen los usuarios de los trenes, y más bien de lo que se trataría es de convertir el servicio ferroviario en nuestro país en el más parecido posible al que ahora ofrece FGC. Sería muy triste que la marca FGC tuviera que cargar con la penosa imagen de Rodalies.Y, por cierto, si a la Generalitat le preocupan los logos que han de llevar nuestros trenes en el futuro, que empiece por asegurarse de la custodia de los trenes nuevos que ahora llegarán, porque si acaban como los de ahora, pintados y ensuciados por los grafiteros, no se verá ni la marca ni el logo de la marca madre que ahora están encargando.