La trufa

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Javier Milei, en el centro, saluda al presidente español, Pedro Sánchez, después de saludar al rey Felipe VI durante la sesión plenaria de la XXX Cumbre Iberoamericana celebrada el jueves en la Galería de las Colecciones Reales de Madrid.
05/11/2026 - 17:52 h
Escritora

Hablemos, por favor, del peinado de Javier Milei, el hombrecillo que preside Argentina y que asistió en Madrid a una de esas actividades que se llaman “cumbre” y que adormecen más que un libro de Estivill. En el ARA hemos visto el glorioso vídeo del hombre, personado todo él, saludando al rey Felipe y al presidente Sánchez en esta cumbre.

Vamos allá. Javier Milei luce una mata negra que nos hace pensar en ese medicamento para la hipertensión que te hace crecer el pelo. Él, por supuesto, o no lo usa porque no hace falta o ya lo usó. Lleva patillas como dos velcros negros, de esas que si eres Arnau Tordera te quedan bien, pero que si no eres Arnau Tordera (o Curro Jiménez) son criminales. Todo el peinado de Milei está cuidadosamente despeinado. Hasta aquí todo correcto, excepto que este tipo de looks pueden ser buenos para un cantante, como El Puma, que siempre gorreará tonterías, pero no para un presidente, que un día u otro debe emitir un comunicado tras una noticia trágica. Esta melena tiene una particularidad. Se la ha peinado de atrás hacia adelante. Hay una tarea de dedos, de cepillo, de gomina de esa que te la echan para que se te levante la raíz. Hay laca en las puntas, pero un suspiro, que no le ensucie. Caray con este hombrecillo, y caray con los que lo peinan. No comprendo esta melena, ni corta ni larga, en un hombre que dice palabras gruesas, como “fascismo”, del todo seriamente.

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