Trump, Musk y el baño de realidad

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Ilustración
07/11/2026 - 19:09 h
Directora del ARA

Las elecciones estadounidenses de medio mandato traerán cola dentro y fuera de la administración Trump. La ola de cambio ha sido de una magnitud tan grande que no es manipulable y removerá un paisaje de aguas estancadas y fétidas. De entrada, el resultado electoral permite extraer unas cuantas conclusiones, y hay dos que son tan básicas que parecen obvias: la primera es que en democracia nada está garantizado, las urnas deben llenarse; y la segunda es que no se puede hacer política sin tener en cuenta la realidad social.

Los resultados electorales tienen dos perdedores claros: Donald Trump y Elon Musk. Si el presidente ha sido castigado sobre todo por no haber cumplido las promesas de mejorar la vida de los estadounidenses, a Elon Musk no le ha servido de nada gastarse 400 millones de dólares para dar apoyo a los republicanos y garantizar así una legislación a medida de sus intereses empresariales. Musk, instalado en Texas, gastó 200 millones en calumniar a los candidatos demócratas de su estado con teorías conspirativas, pero no han sido suficientes para evitar el voto de protesta de un estado intrínsecamente republicano. Silicon Valley, en conjunto, ha sido repudiado por no pagar suficientes impuestos y por intentar imponer una tecnología extractivista a unos ciudadanos que han defendido sus reservas naturales como el agua.

Las elecciones de medio mandato son una reivindicación de la política y de la democracia –tan imperfecta y tan imprescindible–. Una demostración de las virtudes de un sistema con equilibrios y correctivos que se acaban imponiendo cuando la mala gestión envenena la vida.

La derrota llega oportunamente cuando estamos cansados de oír a los propagandistas del totalitarismo, que continuarán campando por los EE. UU. y que todavía buscan su momento en Europa, pero que han sido claramente sancionados. Un correctivo que llega cuando estamos cansados de oír a energúmenos como Peter Thiel diciendo que la democracia y la libertad no son compatibles y cansados de oír a los propagandistas de China seducidos por la capacidad de gestión de una dictadura.

La victoria demócrata pone fecha de caducidad a un Donald Trump que llegó con la promesa de bajar precios y salir de las guerras y la ha incumplido con creces. Trump inició su final bombardeando Irán, un error estratégico que junto con la subida de aranceles ha encarecido el coste de la vida de los estadounidenses que hoy le han pasado la factura.

Si el presidente siempre es un pato cojo, los dos últimos años de mandato Trump será un imprevisible pato loco, pero estará asediado por las investigaciones de los demócratas en temas delicados como los archivos del pederasta Jeffrey Epstein y el enriquecimiento corrupto de él mismo y de su familia. Trump resistirá, pero ya empieza a perder brillo entre los suyos. Entre ellos, el vicepresidente J.D. Vance y el secretario de Estado Marco Rubio, que aspiran a sucederle.

Radicalización demócrata

Los demócratas llegan al Capitolio y a gobernaciones después de una travesía por el desierto que ha hecho emerger caras nuevas. Tras una competencia abierta entre moderados y radicales que hacía décadas que no era tan viva. Deberán elegir muy bien a su candidato si quieren mantener la inercia del cambio, y no será fácil encontrar a un candidato capaz de movilizar el voto propio sin espantar al adversario cuando el partido está tirando a la izquierda.

Son tiempos de cambios en el orden geopolítico posterior a la segunda guerra. Tiempos de líderes en las tres grandes potencias que menosprecian la democracia liberal y de transformaciones tecnológicas sin límites que generan incertidumbre económica y social. Los intereses públicos están completamente confundidos con los intereses personales y motivados únicamente por el afán especulativo.

A pesar del escenario, sabemos que las sociedades cohesionadas en las que el sistema tiene legitimidad porque los equilibrios internos funcionan son las más estables. Entonces, ¿cuál es el principal enemigo político? Una vez más hemos visto que es distanciarse de la realidad. Por elevación, como las élites demócratas con Biden, o por inmersión en la cloaca, como con Trump.

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