La autodestrucción de Podemos (y de Ciudadanos)

BarcelonaHubo un momento en que el PSOE parecía tan tocado que las encuestas apuntaban a un posible sorpasso de Podemos. Corría el 2016 y Pablo Iglesias basó la estrategia de su partido en una relación de igual a igual con Pedro Sánchez. El PSOE salvó los muebles, pero la distancia entre los dos partidos se redujo a la mínima expresión: solo 14 diputados. Iglesias aún tuvo que esperar tres años para llegar a la vicepresidencia del gobierno y forzar el primer ejecutivo de coalición de la historia de España con ese abrazo con Sánchez que ocupó todas las portadas. Pero en ese momento ya había comenzado la autodestrucción de un partido que se había marcado el objetivo de “asaltar los cielos”.

No había pasado ni un año de aquel intento de sorpasso cuando el protagonismo absoluto de Iglesias, tan importante para la génesis del partido, había empezado a cuestionarse de forma profunda. Su número 2 fracasó en el intento de reconducir la formación hacia postulados más pragmáticos, hacia lo que seis años después ha terminado haciendo Yolanda Díaz por la vía de los hechos. Iñigo Errejón fue contundentemente derrotado en el congreso de Vistalegre II, pero hoy, desde una formación que ha hecho mella en Madrid y hasta ahora marginal en el Congreso de Diputados, ha vuelto para completar el giro que ya entonces preconizaba.

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Las tensiones en el partido habían empezado antes y ya en el 2014 el sector anticapitalista se había enfrentado a Iglesias. Con Teresa Rodríguez como máximo exponente, acabarían abandonando Podemos en el 2020 después de varios años de tensiones públicas y privadas. Y la relación con los comuns de Ada Colau nunca fue fluida, aunque la fuerza de Podemos en Catalunya no ha pasado de ser testimonial.

Hace un par de semanas y ya en plena guerra abierta entre Podemos y Sumar, Colau e Iglesias airearon públicamente sus diferencias con amenazas cruzadas. El 23-J se abrió la veda y, a pesar del acuerdo electoral para no dividir el voto de la izquierda, ya había quedado bastante claro que Podemos estaba destinado o bien a desaparecer dentro de Sumar o bien a intentar sobrevivir en solitario, como pronto se confirmará cuando acabe excluido del gobierno y haciendo vida propia en el Congreso.

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Cada vez más aislado

El núcleo de confianza y los aliados de Iglesias se han ido reduciendo y numerosas fuentes consultadas por el ARA explican lo mismo: ya no hay entendimiento posible. Él fue quien designó a dedo a Yolanda Díaz como sucesora en el espacio político y también a Ione Belarra en el partido. Díaz, aliada con muchos de los que Iglesias fue dejando por el camino, ha hecho un último intento esta semana ofreciendo un ministerio al hasta ahora número 2 de Belarra, Nacho Álvarez, que ha dinamitado los últimos puentes que podía haber. O Irene Montero o la guerra ha sido la respuesta de una formación que se ha sentido humillada y que ya se prepara para hacer frente a las europeas del próximo año. La misma cita, curiosamente, que podría ser el último clavo ardiente al que aferrarse para Ciudadanos, el otro partido que hablaba de sorpassos y que acabó autodestruyéndose por las decisiones de su líder absoluto.

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