Un cambio sencillo que podría revolucionar el recuento de la noche electoral

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Una mesa electoral del Instituto Ortega y Gasset de Madrid, durante el recuento de votos
30/10/2026 - 07:04 h
Professor de ciència política a la Universitat de Barcelona

BarcelonaMuy probablemente, la noche del 29 de noviembre se repetirá el guion de todas las noches electorales. A las 20 h cerrarán las urnas y las televisiones nos tendrán entretenidos un rato con los resultados de una encuesta que han encargado los últimos días. Una hora más tarde, aproximadamente, empezaremos a ver en la pantalla resultados parciales con el 1%, el 2%, el 5% o el 10% del voto escrutado. Periodistas y analistas se verán obligados a comentar estos resultados. Y los ciudadanos quizás se lo mirarán confusos y desorientados, porque es muy probable que los resultados de la primera mitad del recuento se parezcan poco a los finales. Y es que primero suelen entrar las mesas más rápidas de contar, que son las de pueblos pequeños. Después entran las ciudades pequeñas y medianas y, finalmente, se incorpora el grueso de las grandes ciudades. Será en ese momento en que los resultados parciales irán acercándose a los finales, aunque hasta el final de la noche quedará la duda de si se pueden mover algunos escaños.

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Todo ello forma parte del ritual. Pero es un ritual problemático, y tiene una solución muy fácil. Vamos por partes. Es problemático porque obliga a las televisiones a gastar mucho dinero en una encuesta que tiene poco más de una hora de vida y que a menudo ha diferido sustancialmente del resultado final. Además, genera mucha confusión ir enseñando resultados parciales que no se parecen en nada a los finales. Esto favorece que circulen teorías de la conspiración que, en tiempos de desconfianza democrática, no ayudan en nada. Y, finalmente, es problemático porque probablemente alguien en el gobierno dispone desde muy pronto de una proyección fiable del resultado final y puede preparar, con una cierta ventaja, su reacción pública.

¿Cómo se podría mejorar este proceso? Quizá algunos lectores recuerdan las famosas "cien mesas" de Duran i Lleida: el líder de UDC recibía información de los primeros cien votos recontados en cien mesas clave, y esto le permitía ofrecer muy pronto una estimación fiable del resultado final. Era un método artesanal, costoso logísticamente y con un cierto riesgo de error. Hoy en día no haría falta recurrir a una red de informantes por el territorio: bastaría con un pequeño cambio en la manera en que la administración electoral publica los datos para que la ciudadanía pudiera tener, muy pronto, información fiable sobre el resultado final.

Una solución nada costosa

La solución es muy sencilla: solo haría falta que la administración electoral identificara de qué mesas provienen los resultados parciales que va publicando durante la noche. Con esta información, los medios o analistas podrían corregir los resultados parciales a partir de la comparación entre los resultados de las elecciones anteriores en las mesas escrutadas y los resultados globales. Con este ajuste estadístico sencillo se pueden generar unas proyecciones muy fiables de los resultados finales ya con un porcentaje muy bajo de los votos escrutados.

Podemos demostrar la superioridad de este método con un ejercicio de simulación con resultados anteriores. De hecho, en las últimas cuatro elecciones generales se habría podido proyectar el resultado final de todos los partidos con menos de un 1% de margen de error cuando apenas se había escrutado entre el 5 y el 7% de los votos. Y, a menudo, la distribución final de escaños se podría aproximar mucho ya a partir del 15% de voto, aunque en algunos casos (2019) hubiera hecho falta esperar hasta más de la mitad del escrutinio, porque se movieron muchos escaños en márgenes muy estrechos entre cuatro partidos.

Esta pequeña reforma en la manera de comunicar los datos implicaría una mejora muy sustancial en la información durante la noche electoral, podría reforzar la confianza de los ciudadanos en el proceso electoral y pondría a todos los partidos, los medios y la ciudadanía en igualdad de condiciones de información durante una noche de alto voltaje político.

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