Cataluña, presente en la campaña andaluza

MadridLa Semana Santa ha ofrecido un teórico receso para coger fuerzas de cara a lo que vendrá, las elecciones autonómicas de Andalucía, las más importantes de este ciclo que comenzó en enero con las celebradas en Extremadura. Esta nueva cita en las urnas es la que más interesa en Madrid, pero también en Barcelona, por sus implicaciones. Estamos hablando de un territorio con una población de 8.676.713 personas, de las cuales 6.812.861 con derecho a voto. No es solo por el peso demográfico de esta comunidad que hay mucho en juego en estos comicios. El ciclo completo ha sido y sigue siendo un banco de pruebas con la perspectiva de las próximas elecciones generales, y hoy por hoy se ha saldado sin un diagnóstico definitivo. El PP continúa alimentando la idea de que su llegada a la Moncloa está muy próxima, aunque sea con Vox como incómodo e imprescindible compañero de viaje. Para confirmarlo necesita repetir su actual mayoría absoluta en el Parlamento andaluz. Todo lo que no sea eso dará pie a que se cuestionen las posibilidades de los populares para ver conseguido su principal objetivo. Para el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, esta partida es decisiva. El presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno Bonilla, tiene, por tanto, una alta responsabilidad en esta convocatoria electoral, de la que su partido podrá salir inflando pecho o con la obligación de hacerse muchas preguntas sobre las causas del frenazo en sus expectativas.

Todo esto en relación con la atención que desde Madrid se prestará a la campaña andaluza y los resultados electorales. Pero desde Cataluña hay motivos para seguir muy de cerca lo que pase en esta cita. El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, ha jugado fuerte prescindiendo de la que hasta ahora ha sido su vicepresidenta primera, María Jesús Montero, para convertirla en cabeza de lista a las autonómicas andaluzas. Mucha gente en el mismo PSOE sigue pensando que su candidata lo tendrá muy difícil, y en paralelo también existe la creencia generalizada de que no se ha jugado esta opción para intentar prioritariamente una inverosímil victoria en las urnas, sino para poner gente de confianza al frente de una importantísima federación socialista. Según esta tesis, la principal misión de Montero es impedir un fuerte retroceso de la organización y garantizar posteriormente el control del partido en Andalucía por lo que haya de pasar antes de las elecciones generales. Sánchez habría preferido desvestir más de un santo al gobierno para asegurarse la presencia de colaboradores fieles al frente de la estructura del PSOE en los diferentes territorios. Ahora le tocaba a Andalucía, como pasó en Aragón, por ejemplo.

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La elección de Montero, en todo caso, tiene un interés particular para la Generalitat porque entre los asuntos que formarán parte de la campaña electoral destaca todo lo relacionado con el debate sobre la financiación de las comunidades autónomas. Está claro que los mítines no son el escenario más propicio para exposiciones técnicas, pero el PP jugará fuerte contra el papel desarrollado por la hasta ahora vicepresidenta en esta materia. En réplica diferida al lema de "España nos roba", escucharemos alegatos en el sentido de que "Cataluña intenta robarnos". Ciertamente, no es el estilo habitual del presidente andaluz, pero no le faltarán colaboradores llegados de Madrid para cubrirle este flanco de la campaña. El día que Montero se despedía del Congreso como miembro del gobierno, la portavoz popular, Ester Muñoz, le reprochó que "pasará a la historia por ser una mujer que traicionó a su país y a su tierra a cambio de mantener a un hombre en su puesto, y que no ha dudado en dejarla tirada cuando lo ha necesitado".

La idea de la traición a los intereses generales para favorecer que Pedro Sánchez pueda continuar al frente del país –con el añadido de que lo hace con pactos contra natura– tiene todo que ver con la oposición del PP a cualquier acuerdo sobre financiación autonómica mientras se siga considerando la hipótesis de establecer un modelo singular para Cataluña. Montero tendrá que quitarse de encima esta acusación, la de haber jugado a favor de privilegios injustificados a cambio del apoyo de los partidos independentistas en el Congreso, aunque ya se ha visto que las alianzas iniciales de la legislatura han dado progresivamente paso a escenarios de inestabilidad y falta de mayoría para aprobar diversos proyectos, a los cuales el gobierno ha ido renunciando. La decisión del presidente de la Generalitat, Salvador Illa, de participar en la campaña andaluza está claramente relacionada con el intento de echar una mano al PSOE en general y a María Jesús Montero en particular. Pero lo más curioso es que una campaña tenga que tener estas derivaciones cuando el supuesto pacto sobre el mencionado modelo singular sigue sin concretarse.

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Un debate crucial

Precisamente, una de las misiones principales del nuevo ministro de Hacienda, Arcadi España, debe ser canalizar este debate, pero sin ninguna perspectiva de acuerdo. La estrategia del PP sigue siendo la búsqueda del mayor desgaste posible del gobierno, con el objetivo principal de llegar a la Moncloa. De manera que el nuevo vicepresidente primero y titular de Economía, Carlos Cuerpo, tampoco lo tiene fácil para impulsar la negociación en esta materia. También se debe tener en cuenta que en las mismas filas socialistas no faltan voces discrepantes en relación con las supuestas bondades de los pactos del ejecutivo con los partidos independentistas, y con la misma Generalitat.

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Illa puede intentar hacer pedagogía en la campaña andaluza, pero nadando contra corriente. El principio de ordinalidad no resulta fácilmente asumible por otras comunidades, aunque las estadísticas demuestren que buena parte de las autonomías reciben del Estado un volumen de aportaciones muy superior al que se recauda en su territorio vía impuestos. Andalucía es una de las comunidades que más se benefician del actual modelo, que en todo caso hay que revisar, entre otras razones porque caducó en 2014. Sería interesante que se hablara seriamente de esta problemática en la campaña de las autonómicas andaluzas, pero ya se ha visto que ni siquiera habrá acuerdo sobre los debates entre candidatos. El PP no quiere un cara a cara entre Moreno Bonilla y Montero, para no dar facilidades al aspirante. Mientras tanto, el proyecto para regular los debates preelectorales sigue parado.