El 'momento' Miriam Nogueras con el Papa y la desaparición de Aznar

MadridA las ocho de la mañana ya había veinte diputados del PP haciendo cola para entrar al Congreso de los Diputados. El día que hay sesión conjunta con el Senado, el hemiciclo se hace pequeño y es difícil caber en él. Y este lunes, que era una jornada histórica en Madrid, algunos tenían miedo de no encontrar silla. La visita del Papa es una movilización de recursos y organización excepcional incluso para aquellos que están acostumbrados a tratar con autoridades estatales e internacionales. Para que el lector se haga una idea: si bien León XIV llegaba a las 10.30 a la carrera de San Jerónimo, el Congreso ha abierto las puertas a las 7.30 para que tanto parlamentarios como periodistas fueran entrando y tuvieran las acreditaciones necesarias (para llegar al día de hoy se ha requerido una papelería considerable). Además, a pesar de que normalmente la prensa se mueve arriba y abajo con cierta libertad por los alrededores del hemiciclo y el patio del Congreso, este lunes se tenía que elegir el lugar donde seguir el acontecimiento: el patio para ver la llegada acompañada con música; la tribuna de dentro del hemiciclo o desde las dependencias habituales de la prensa. Es más: al acabar el acto, los diputados se han tenido que esperar unos minutos dentro del plenario hasta que el dispositivo del Papa se disolviera y poder circular con normalidad.

Desde la tribuna del Congreso la vista era privilegiada. Cuando ha entrado León XIV al pleno se ha hecho un silencio sepulcral. Una concesión que los parlamentarios no hacen a casi ningún orador que sube al atril. Ahora bien, solo unos segundos antes, no era así: los diputados sentados en su escaño veían en directo la llegada del pontífice al Congreso a través de la pantalla de las votaciones y comentaban el apretón de manos que cada uno de los portavoces parlamentarios ha hecho con el Papa. Alberto Núñez Feijóo, Gabriel Rufián, Patxi López, Verónica Martínez Barbero... La más larga ha sido la de la portavoz de Junts, Miriam Nogueras: "Soy catalana. Hablar la lengua del lugar que te da la bienvenida es un acto de amor y respeto", le ha dicho en inglés después de la polémica sobre en qué medida el pontífice hablará catalán, la lengua de Gaudí. León XIV se ha mirado a la líder de Junts y ha asentido con la cabeza con una sonrisa. En Cataluña, donde la visita a la Sagrada Familia será el punto central, se sabrá si la respuesta ha sido por protocolo o porque comparte la reflexión. El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, ha tildado el acto de "vacío de contenido": "Nacionalismo banal". "He aprovechado que tenía todo el foco para poner Cataluña y el catalán en el centro", ha defendido Nogueras.

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La conversación entre Illa y Rajoy en tiempo de espera

A partir de las nueve y media de la mañana el hemiciclo estaba casi lleno y diputados y senadores se entretenían a la espera del pontífice. Los periodistas, a su vez, leían atentamente el discurso de León XIV embargado, ya iban seleccionando titulares y observaban a los invitados. Entre ellos, el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, que ha sido uno de los primeros en hacer acto de presencia. Más tarde han llegado los expresidentes José María Aznar y Mariano Rajoy, que han apurado el tiempo a pie de pie y haciendo corrillo hasta casi la hora de empezar. Ya sentados, se ha podido ver a Illa y Rajoy hablando de forma distendida: de lejos parecía que abordaran una cuestión tan mundana como el fútbol, pero la charla ha ido de "una puesta al día" sobre la familia. No ha habido, por el contrario, ningún intercambio del presidente de la Generalitat con José María Aznar, el autor de la frase que ha marcado la legislatura española con el quien pueda hacer que haga. De hecho, el expresidente español se ha esfumado solo empezar el discurso del Papa: tenía un vuelo programado, pero ha querido hacer acto de presencia al menos al inicio.

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Aznar ha desaparecido este lunes como los casos judiciales que asedian al PSOE en las conversaciones en los pasillos del Congreso. La visita del pontífice ha sido un verdadero paréntesis en medio de la tormenta y, a excepción de algún corrillo, las conversaciones no iban ni de las joyas de Zapatero –ausente, por cierto, del evento–, ni de Leire Díez ni de la presencia de la Guardia Civil en la sede de la calle Ferraz. Lo que se comentaba era el discurso del Papa: para algunos, un golpe duro al PP y Vox por su discurso de acogida de migrantes, para otros una enmienda a la totalidad a los posicionamientos de la izquierda en relación al derecho al aborto y a la eutanasia. "Un poco para todos", comenta un diputado a la salida, que cree que cada uno se puede agarrar a la perla que más le guste. Eso sí, el final ha sido un concurso de aplausos entre derecha e izquierda durante más de siete minutos: nadie quería ser el primero en parar... por lo que se pudiera interpretar.